domingo, 14 de enero de 2024

Mariana Pineda la gran heroína granadina.

 



Creo que, si hiciéramos una encuesta acerca de cuál o quién ha sido el peor Rey que ha tenido España, ganaría por goleada Fernando VII; y mira que los hemos tenido malos.


Retrato con uniforme de capitán general, por Vicente López (Museo del Prado).


Mientras que Fernando y su padre Carlos IV, junto a sus familias, se van a vivir a Bayona (Francia), porque así se lo pide Napoleón, viviendo a todo lujo, y sin preocupación alguna; los españoles enfurecidos se levantan contra el invasor francés, en aquello que la historia ha denominado la guerra de la independencia.

Cuadro de Francisco de Goya, titulado "el 2 de mayo".

Tal fue la lucha que, por primera vez, las tropas de Napoleón, sufrieron una derrota, y España clamaba por la vuelta de su rey Fernando, de ahí el apodo del deseado.

Mientras tanto surgieron las Cortes de Cádiz, la constitución de 1812, “la pepa”, y decena de héroes y heroínas, que defendían la libertad y la independencia de España.

Cuando Fernando VII, ese rey tan deseado regresa al país, lo primero que hace es cargarse todo lo que suena a liberalismo, a constitución, a modernidad o a avance social; y con ello a las personas que tanto habían luchado por su vuelta, entre otros Juan Martín Díez “el empecinado”.

Y algo parecido le pasó a la protagonista de este artículo, a la granadina: Mariana Rafaela Gila Judas Tadea Francisca de Paula Benita Bernarda Cecilia de Pineda Muñoz, conocida popularmente como Mariana Pineda. 


Podríamos decir de Pineda que, fue una mujer valiente, coherente y que luchó por unos ideales como el progreso y la libertad, hasta sus últimas consecuencias, de hecho, esa coherencia y el compañerismo fue lo que le llevaron a su ajusticiamiento, pero como se dice ahora, no hagamos “spoiler”.


¿Qué pasó con Mariana Pineda? Pues bien, Granada no era tan grande, y Ramón Pedro y Andrade, al cual los absolutistas fernandinos, lo habían nombrado en 1825, alcalde del crimen de Granada, o dicho de otra manera juez, para perseguir cualquier atisbo de liberalismo, sospechaba desde hacía tiempo de ella.

Las sospechas no eran infundadas, Pineda había ayudado a escapar de la prisión, a un primo suyo, también liberal, y que había sido encarcelado, por exaltar la constitución de 1812; y así mismo,  se había interceptado correspondencia de ésta, con liberales que residían en Gibraltar; así pues, el alcalde del crimen sólo tenía que esperar un descuido, o directamente tenderle una trampa, y así parece que fue la cosa.


Un chivatazo dado por un sacerdote; contó que dos hermanas bordadoras del barrio del Albaicín, estaban llevando a cabo un encargo hecho por Mariana Pineda, y que no era otra cosa, sino una bandera morada, con un triángulo verde en medio y sobre cuyos lados pusiera las siguientes palabras: libertad, igualdad y ley.


El problema es que la bandera no estaba en casa de Mariana, y que no había pruebas del encargo, así pues el plan que los absolutistas urdieron fue el siguiente: el comisario jefe de Granada, (como veis lo de Villarejo no es un invento del siglo XXI),  pidió a las bordadoras que llevasen la bandera a la casa de Mariana Pineda, y justo en el momento que la estaban entregando apareció la policía, y acusando a Pineda  de ser responsable de esa bandera, de ese lema y de intento de rebelión contra el orden y el monarca.

A las bordadoras por esta labor, “el Villarejo” granadino les pagó 400 reales.

La defensa de Pineda argumentó, que ella no sabía bordar, que la bandera en si no lo era, pues estaba a medias, y que la misma tenía más que ver con la masonería que, con una supuesta revolución liberal; pero todos los argumentos de nada servían, la sentencia ya estaba puesta antes de empezar el juicio.

Dibujo de: https://historia.nationalgeographic.com.es/

Pero no todo estaba perdido, Pineda tenía una oportunidad de salvar su vida; y es que, desde el Ministerio de Justicia, le dijeron que la indultarían, si ella delataba a sus compañeros liberales.

Pineda no lo pensó ni dos segundos, contestando que: Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios"

Tras cuatro días de juicio se dictó sentencia, concretamente en fecha de 26 de abril de 1831, firmada por el infame Fernando VII.

Y el amanecer del 26 de mayo de 1831, a lomos de una mula, ya que había sido condenada a garrote noble, fue trasladada hasta el denominado campo del triunfo, frente a la puerta de Elvira.

Iba vestida con las ropas que se vestía a los ajusticiados, pero ella muy digna pidió a los verdugos que, no le quitasen las ligas, pues era feo eso de ir a patíbulos con las medias caídas, al alba la arrebataron la vida, contaba con 26 años.

Después trasladaron sus restos al cementerio, a una tumba discreta y sin identificar; pero unas personas que habían presenciado el mismo, esa noche clavaron una cruz, para identificar el lugar del enterramiento; años después, cuando Fernando VII había dejado este mundo, los restos se exhumaron y se dejaron en el Ayuntamiento de la capital granadina, en el cual se custodiaban, y cada 26 de mayo los mismos se paseaban en procesión por las calles de Granada.



Posteriormente en el año 1856, la heroína de la libertad, fue enterrada en la cripta de la catedral de Granada, donde sus restos reposan desde entonces.




Casi cien años después de su ajusticiamiento, otro granadino universal, el poeta Federico García Lora, escribió la obra de teatro “Mariana Pineda”, en la cual destaca una frase que ha quedado como un canto a la esperanza. “en la bandera de la libertad, bordé el amor más grande de mi vida”. FINEM.

 

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