domingo, 15 de noviembre de 2015

Un paseo por PRADOS REDONDOS, el pueblo de la Santa Espina.



Prados Redondos
Cuando tengo que describir la variedad cromática y paisajística de la comarca que conforma lo que en tiempos del medievo comprendía el Señorío de Molina, me gusta utilizar la expresión, de que toda ella es una mosaico picassiano, donde se comprenden los espesos bosques de coníferas, las frondosas riberas, los grandes barrancos, inexpugnables cimas o las inmensas parameras dedicadas al barbecho y la labor…
En este caso nos vamos a dar un paseo por medio de un “mar” de mies para acercarnos hasta el pueblo de Prados Redondos.

 

Para llegar a Prados Redondos hay que coger la pequeña carretera, que surge desde la Nacional 211, esa que une Alcolea del Pinar con Tarragona, vía Molina de Aragón – Calamocha.
 
Por mitad de los inmensos campos de cereal, la carretera toma grandes rectas para sólo hacer algún quiebro en las inmediaciones del viejo puente pétreo que cruza sobre el jovenzuelo todavía río Gallo, ese que poco después tendrá el honor de cruzar bajo el puente románico en la capital del Señorío.
 
 

A lo largo de este pequeño recorrido Prados se atisba en lo alto de un otero, observándose un apelotonado casco urbano en torno a una esbelta y majestuosa torre.
Otro hora esta misma perspectiva permitía la visión en mitad del municipio de una gallarda atalaya, que fue derruida a finales del siglo XVI.
 

Parece ser que la misión de aquel castillete además de defensiva y comunicativa entre los castillos de Zafra y de la propia Molina, servía como lugar de vigilancia de un buen tramo del Camino Real, que pasaba por mitad de Prados proveniente de Molina en dirección a Valencia vía Albarracín.

Castillo de Molina de Aragón desde Prados Redondos

Así pues como os iba diciendo, el camino de arribada a Prados Redondos, nos indica que este pueblo es de campo, de mucho campo. A lo largo de generaciones las gentes de Prados han sabido acariciar su tierra, siendo una de las zonas de la comarca donde más toneladas de cereal y pipas de girasol se obtienen todos los años.


Cuenta la historia que Doña Blanca de Molina, la última soberana del Señorío, antes de que el mismo pasase a manos de la Corona de Castilla, por la sucesión de ésta, en su hermana, la Reina de Castilla Doña María de Molina, cedió el mayorazgo de Prados, a un noble de la época (últimas décadas del siglo XIII) a Don Alfonso Martínez.

Doña Blanca de Molina
Pasear por las calles de Prados es hacerlo por un pueblo que como todos de la zona nos hablan de despoblación, y de pasados esplendorosos; dice el censo municipal que Prados Redondos cuenta en su padrón con 80 personas, mientras que su iglesia originaria del siglo XVI, aunque con una gran remodelación en el siglo XVII; así lo atestigua en su portada, nos habla sin decir nada, por sus dimensiones y detalles,  que nos encontramos ante un pueblo que tuvo mucha importancia y con ello población.

 
 
 
 



Dentro de la Iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen, hay una reliquia que despierta gran fervor por estas tierras, y que según las crónicas se trata de una espina, de la corona de espina que lo judíos colocaron sobre las sienes de Jesucristo, en los días de su Pasión. 

http://www.pueblos-espana.org

La Santa Espina que es como se le llama, llegó a la villa de Prados allá por el año 1383; de la mano de Don Diego López de Cortés, Caballero Principal de Molina, y fue con motivo de regalo de boda, hacia la que sería su esposa Doña Leonor Vázquez Barrientos; muchas y variadas son las historias acerca de cómo llegó a las manos de López Cortés, aunque todas pasan por negocios en Francia con el Conde de Fox.

 

  

 
 

Fuera como fuese, es que la celebración de la fiesta de la Santa Espina, congregaba tanta gente proveniente de todos los pueblos cercanos, que la inmensa iglesia de Prados se quedaba pequeña, por lo que la villa, se vio obligada a construir una construcción singular, que en Prados todo el mundo conoce como la Torreta; sita en la plaza delante de la iglesia.

 

La Torreta se utilizaba para que los sacerdotes pudiesen predicar el evangelio y mostrar al gentío que se acercaba hasta Prados cada cuatro de mayo,  la reliquia de la Santa Espina; desde hace unos años, esta fiesta se ha pasado al catorce de agosto.

 
 
A lo  largo y ancho del pueblo es fácil dejar volar la imaginación y pensar en épocas pretéritas; épocas en las que había señores y siervos, y fiestas palaciegas…; y digo esto porque varias son las grandes casonas que salen al encuentro del visitante, destacando las de los Garcés  o Garceses, los Cortés  etc…

 
 
 

 
 
Prados Redondos, como todos los pueblos de la comarca, cuenta con su frontón, que además de pista de juego, hace las funciones de plaza, y punto de reunión para fiestas, y encuentros. 
 
El día que visito Prados, 25 de diciembre, aún quedan restos de la gran fogata que hizo de necesario acompañante, en la gélida Nochebuena para los vecinos que acompañados de panderetas, zambombas y sidra salieron al encuentro de los amigos y familia.

 
Antes de abandonar Prados, me acerqué a beber agua a su fuente de estilo neoclásico y que data del año 1893; y que según me contaba un vecino nunca se había secado.


Finalmente subí al otero que hay tras la iglesia para cerciorarme que el mundo seguía en su sitio; y desde allí observar la paz que conlleva la vega del río Gallo, escuchar el tímido tintineo de las campanas de la vecina aldea de Chera, o comprobar que Zafra, la Sierra de Caldereros y su pico Lituero siguen parando como pueden los fríos vientos del norte, que por estas tierras llamamos Cierzo.

Chera
 

Si vais por Prados Redondos ya me contaréis. FINEM

 


sábado, 17 de octubre de 2015

AMOR Y TRAGEDIA EN TORNO AL NICHO 1.501. Una historia del Cementerio General de Valencia.



 

Corría la segunda mitad del siglo XIX cuando dos jóvenes valencianos iniciaron una relación afectiva y de noviazgo, sus nombres eran Vicente García Valero y Emilia Vidal Esteve.

Ambos vivían por el entorno de lo que hoy son las calles  de las Barcas y Juan de Austria, el urbanismo a lo largo del siglo XX ha modificado esa zona de la ciudad de Valencia, y en lo que hoy es el edificio del Banco de Valencia, existían una pequeña plazuela denominada de las Barcas, que hacía de enlace y antesala de todo aquel cruce de calles a las puertas del Teatro Principal.


Vicente se dedicaba a las artes escenas, y esta cuestión le hacía moverse de forma continua a lo largo y ancho del país.
Al final del otoño del año 1876, Emilia enfermó de fiebres tifoideas, una enfermedad infecciosa que hoy tiene cura, pero que a finales del siglo XVIII, producía la muerte de muchas personas.
 
Emilia apenas tenía 18 años. Y su familia de condición humilde no podía hacer frente a un sepelio digno, por lo que los restos de la joven Emilia fueron depositados en una fosa común del Cementerio General de Valencia.
En el momento de la muerte de Emilia, Vicente que contaba con veintidós años,  estaba con su trabajo lejos de la ciudad del Turia; extrañado por la falta de cartas de su amada, y contestación a las suyas, acudió a Valencia donde de seguida fue informado del fatal desenlace.


Roto por el dolor preguntó que dónde había sido enterrada, para poder depositar una flores y dedicarle unas oraciones…; pero su tristeza aún se agrandó más si cabe, cuando supo que había sido depositada en una fosa común.
Raudo reunió todo el dinero que había ahorrado durante los últimos meses haciendo galas teatrales por los pueblos y ciudades de España y se acercó hasta las oficinas del Cementerio, situadas en las mismas instalaciones del mismo, y pidió comprar un nicho para su amada, un lugar digno para el descanso eterno de su Emilia. Y así pues compró a título de perpetuidad el nicho número 1.501; le costó 250 pesetas.
            



El problema ahora era desenterrar el cuerpo de Emilia y trasladarlo hasta este nicho.
La burocracia de la época no permitía, o al menos no ponía fácil estas acciones, por lo que Vicente, tuvo que apelar a la picaresca, y a la aplicación de esa frase que tan bien nos identifica a los españoles que dice que  “hecha la ley, hecha la trampa…”
Así pues tuvo que sobornar a un capellán de cementerio,  al mismo que había llevado a cabo el enterramiento de la joven, para que éste le indicase el lugar exacto donde había sido inhumada, y tras arduas gestiones, en la tarde - noche de la Nochebuena del año 1876, consiguió desenterrar a Emilia, y trasladarla al nicho que había comprado.

 

No pudo evitar el no abrir el féretro, y allí estaba Emilia según dijo el propio Vicente como dormida, esperando el último beso de su amado…
Vicente por su trabajo tuvo que abandonar de nuevo la ciudad de Valencia, instalando su residencia en Madrid, pero todos los años para la fiesta de Todos los Santos; encargaba la limpieza, decoro y adecentamiento del nicho 1.501, así como la colocación de un precioso ramo de flores.

 

A los pocos años, Vicente se casó, lo hacía con una hermana de Emilia, e incluso tuvo una hija con ella, a la que también llamaron Emilia.
Pero este hecho no hacía a Vicente olvidar a su primera novia, y año tras año, el nicho 1.501 amanecía el día de Todos los Santos repleto de flores; incluso cambió la lápida en tres ocasiones.

Pero la vida no iba a ser fácil para Vicente, cuando la niña, la pequeña Emilia contaba con apenas cuatro años y medio falleció a los brazos de éste, y poco después lo hacía su esposa…
 
Vicente desconcertado, pero con inmenso respeto y amor que procesaba por la familia de su mujer, accedió a contraer matrimonio de nuevo, y lo hizo con la otra hermana que quedaba, la más joven de todas.

 
Y así la vida fue siguiendo…; Vicente se hacía mayor y lo llamaban de pocos sitios para interpretar como actor, y en aquella época la protección social era brillante pero por su ausencia por lo que las estrecheces económicas empezaron a ahogar al matrimonio.
Un día Vicente salió a pasear por las calles de Madrid, para evadirse un poco de los problemas y decidió comprar un décimo de lotería. El número del décimo era el mismo del nicho de su amada Emilia, el número 1.501. A los pocos días, el 10 de octubre de 1912 los niños del Colegio de San Idelfonso llevaron a cabo el pertinente sorteo, resultando como décimo ganador el que comprendía los números 1, 5, 0, 1. Efectivamente el número 1501 había sido agraciado con un gran premio de la lotería nacional. (Unas 600 pesetas).


Vicente murió en Madrid en el año 1927, creyéndose que sus restos descansan allí.
A día de hoy el nicho 1.501, situado en la sección segunda del Cementerio General de Valencia, a espaldas de la Iglesia, está en una situación de erosión y olvido, apenas se puede ver en la parte baja de la lápida la inscripción: “Recuerdo de V. García Valero”; pero seguro que por mucho que pasen los años, y los siglos su amor sigue vivo…


Si queréis saber más sobre esta historia y sobre muchas otras del Cementerio General de Valencia, os recomiendo muy mucho hacer la ruta del “Museo del Silencio”, de la mano del Investigador y Humanista, además de estupenda persona Rafael Solaz Albert. FINEM.








domingo, 11 de octubre de 2015

MARGARITA BORRÁS Una mujer en el cuerpo de un hombre, en la Valencia del siglo XV.



 
Desde la Puerta Románica de la Catedral de Valencia en dirección a la Plaza de la Reina, nos adentramos en una preciosa calleja denominada de la Barchilla.

 

El nombre de la misma le viene en honor a una pequeña lápida de origen romano, que con forma de barchilla preside una de las paredes, bajo el gran arco que une la Catedral con el Palacio Arzobispal.
Una barchilla era una especie de caja de madera de determinadas proporciones, y que se utilizaba como medida para el grano.

 
No era raro durante la época del Renacimiento, utilizar restos de época romana que aparecían al construir las nuevas edificaciones, en lugares visibles a modo brindis u homenaje a la antigüedad; parecer siendo éste, el origen de la colocación de esta lápida romana en las paredes del Palacio Arzobispal.

 
La cuestión es que la lápida llevaba una inscripción, en la que un amigo le dedicaba a otro  su querer, denominándolo algo así como “amigo óptimo”; esto a la curia del siglo XVIII alarmó enormemente, desgastando la parte de la lápida donde se expresaba esta querencia.  
La inscripción original venía a decir algo así:
M(arco) AQUILIO
AQUILINO
AN (norum) XXXV
L (ucius) PORCIUS
SEVERUS
AMICO OPTIMO

 

Por fortuna  han cambiado los tiempos desde entonces ahora, no viéndose mal, que cada uno quiera a quien quiera.
Y hablando de eso de la buena evolución en este tema, y del fuerte caminar hacia la Igualdad,  quiero contaros la historia de Margarita Borrás, la primera transexual que fue ejecutada por serlo, y al igual que la Barchilla, la ciudad de Valencia fue el escenario de aquella atrocidad.

 

Margarita era una mujer en un cuerpo de hombre, de hecho así nació y sus padres le pusieron de nombre Miquel.
Su familia era acomodada, de hecho el padre había sido Notario en Mallorca, y cuando vino a residir a Valencia, Margarita en seguida se hizo famosa entre la alta burguesía valenciana. 

Según cuentan las crónicas era una mujer bellísima, eso unido a su cierta liviandad, conllevó a que no le faltasen los amantes, y pasease sus galas por casas ricas de aquella Valencia del siglo XV.

Parece ser que uno de aquellos amantes, tal vez aquejado por mal de amores, denunció a Margarita.

 
Rauda la justicia se puso manos a la obra; la Santa Inquisición aún no había llegado a Valencia, en épocas de Santo Tribunal estos casos, igual que el de los homosexuales se ajusticiaban quemándolos vivos en una hoguera…; así le ocurrió a Pedro Vego, hijo del relojero de Valencia, al cual lo quemaron junto a su amante…

 

La Inquisición creada por los Reyes Católicos bajo la dirección de Fray Tomás de Torquemada, no llegó a Valencia hasta el año 1484; acaeciendo estos sucesos veinticuatro años antes, de ahí que apenas haya anotaciones sobre aquellos sucesos.
Solamente el dietario (libro de anotaciones) del Capellán de la Iglesia de Alfonso el Magnánimo de nombre Melchor Miralles, el cual explicó cómo fue la ejecución de aquella mujer.


El Capellán Miralles, explica en el dietario, que Margarita “había estado en muchas casas de Valencia con ropa de mujer”; y que en cuento esto había sido sabido por las Autoridades de la ciudad, fue “presa y torturada”.

 

También cuenta Miralles en el dietario que junto a Margarita igualmente fueron apresados otros hombres, seguramente sus amantes; pero nada se dice si también fueron torturados o ejecutados.

 

En aquella Valencia medieval había varias zonas de ajusticiamiento, una era frente a la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia; reservado aquel escenario normalmente para caballeros y personas de alto linaje. 

A los herejes, judíos, etc… se les ajusticiaba por la zona del actual Paseo de la Pechina, cerca del Jardín Botánico.
Y el catafalco principal de ajusticiamiento estaba en la Plaza del Mercado, donde se ajusticiaba a toda clase de “delincuentes”…
La horca estaba dispuesta más o menos donde a día de hoy hay una gran farola rodeada de cipreses, entre la Lonja, la iglesia de los Santos Juanes y el Mercado Central.

 

Así pues en aquel  mes julio de 1460, tras torturar a Margarita, ésta fue trasladada por las calles de Valencia semidesnuda, solamente una camisa cubría su cuerpo, dejando sus genitales a la vista de todo el mundo.

 

Seguro que el recorrido por aquella Valencia medieval no fue un camino de rosas, no faltarían las burlas, los insultos, e incluso el lanzamiento de objetos.
De hecho con respecto a esto último las Autoridades dictaban bandos prohibiendo el arrojo de piedras o elementos hirientes, ya que los reos solamente podían morir de la forma que había dictaminado el tribunal.

 

Era 28 de julio, y la plaza del Mercado estaba llena de curiosos para ver la ejecución de aquel hombre que se sentía mujer…; ese era todo su delito.
Días antes, el Trompeta, había pregonado por esquinas y rincones de la ciudad, la condena, día y hora, lo que había llenado de mirones  el entorno como en pocas ocasiones.
 
Tras el recorrido humillante semidesnuda por las calles de su ciudad, por fin Margarita arribó ante el Morro de Vaques, lo que a día de hoy conocemos como el verdugo.
El cual colocó la soga sobre su cuello, dando a continuación muerte por ahorcamiento.
Seguramente el cuerpo estaría allí expuesto varios días, nada hay escrito sobre el tema. Pero solía hacerse así  como elemento ejemplarizante entre la población.
 
http://epoca1.valenciaplaza.com
Después  los cuerpos sin vida de los ajusticiados, se depositaban en una fosa común.
Gracias a los escritos del Capellán Miralles esta historia ha llegado a nuestro días; siendo hoy una historia relativamente conocida, y que ha conllevado a que los Colectivos de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales de la Comunidad Valenciana (Colectivo Lambda), otorguen unos premios con el nombre de esta mujer; cuya vivencia, pese al final trágico fue un primer paso para eso de dar normalidad a lo que es normal.

 
 
Y además valorar su valentía en aquella época en la que todo se centraba alrededor de un Dios castigador, y donde las palabras libertad, o autonomía casi estaban proscritas.
Así pues desde este humilde blog, vaya mi homenaje para aquella mujer valiente, que empezó a abrir las puertas de la Igualdad, con el mensaje de que aunque mucho se ha avanzado al respecto, no hay que bajar la guardia y seguir trabajando en ello. FINEM.



LOS AMANTES DE TERUEL. Una bella y triste historia de amor.

     El genial cantautor Ismael Serrano, en su canción “tierna y dulce historia de amor”, afirma eso de que “como todas las histori...