lunes, 3 de septiembre de 2012

UN PASEO POR VENTOSA EN EL SEÑORÍO DE MOLINA - ALTO TAJO





A unos ocho kilómetros de la ciudad de Molina de Aragón, se encuentra la pequeña aldea de Ventosa, una aldea perteneciente al pueblo de Corduente, y que supone la “puerta de acceso” al Barranco de la Hoz.
Cuenta con unos cuarenta vecinos y se encuentra a unos 1.060 metros sobre el nivel del mar, en el margen izquierdo del río Gallo.
A pocos metros de sus calles comienzan los inmensos pinares característicos del Parque Natural del Alto Tajo, y arriba desafiantes grandes farallones de roca rojiza y conglomerado  anuncian el gran espectáculo natural que el río Gallo ha conformado unos metros más abajo.
 Barranco de la Hoz
Se dice que de Ventosa era el vaquero que perdido en la espesura del pinar encontró una talla de la Virgen, una figura que  pareció indicar su deseo de que se le construyera una ermita en aquel preciso lugar, en mitad de la hoz del Gallo, por lo que se le denominó Virgen de la Hoz, siendo la Patrona del Señorío de Molina desde tiempos inmemoriales.
 Virgen de la Hoz
El pueblo lo conforman un conjunto de pequeñas callejas circundantes a la plaza, donde se encuentra el bar o teleclub, y el Ayuntamiento. Por detrás de éste luce un esbelto frontón, muy típico de todos los pueblos molineses desde los tiempos del primer Conde de Molina don Manrique de Lara; y es que estas tierras se repoblaron con muchas personas provenientes del País Vasco que trajeron entre otras costumbres el juego de la pelota vasca, de ahí que en todos los pueblos haya trinquetes.

 
 
La plaza Mayor está presidida por una fuente de mitad del siglo XX, la cual tiene grifo de mano; me cuentan que en invierno le cortan el agua, pues las intensas heladas de la zona la han reventado en varias ocasiones.
 
 

El bar de la plaza ocupa lo que eran las antiguas escuelas nacionales.
Las gentes de Ventosa se han dedicado tradicionalmente al cultivo del cereal  como el trigo y la cebada, también a los girasoles. A extraer la resina en sus inmensos pinares resineros, a producir carbón vegetal, o a pequeños huertos junto a los arroyes provenientes de la montaña o de la aldea de Terraza, o junto al propio río Gallo.

 
 También el ganado bovino ha sido una costumbre mantenida a lo largo de los siglos.
La Iglesia de Ventosa está abocada al que además es el Patrón del Pueblo, ese que en plan de broma dicen ser el Patrón de las discotecas… San Pascual Bailón. (17 de mayo).
Hecha de mampostería con gruesos muros, y de planta rectangular, cuenta con una espadaña chata orientada hacia el sur oeste, que con sus dos campanas marca el devenir y los acontecimientos tanto eclesiásticos como civiles del pueblo.
 
 
Para las fiestas en honor al Santo ondean una gran banderola, en lo que se denomina el “baile de la bandera”, además de hacer cenas populares, verbenas, etc…
Me cuentan que antaño cuando había más población y muchos animales para San Antón (17 de enero) se paseaba a las vacas y mulas, con mantas y sus “mejores galas” por el pueblo, dando tres vueltas a la Iglesia para así obtener la bendición del Santo, y que éste les guardase de enfermedades o lesiones.
Sin lugar a dudas el monumentos más importante de Ventosa se encuentra fuera de la población, a unos dos kilómetros, y como os decía antes se trata de la ermita de la Virgen de la Hoz, que además cuenta con una cómoda y acogedora hospedería para peregrinos y visitantes.
 
 Santuario de la Virgen de la Hoz
En Ventosa, al igual que en la mayoría de pueblos y aldeas del Señorío de Molina, es frecuente encontrarse con alguna  casona, que nos recuerda que en tiempos pretéritos por estos lares había “hidalgos o ricoshombres”, que para la generalidad de las gentes de estas tierras eran como semidioses a los que había que rendir culto, ya que en muchas ocasiones de ellos dependía hasta su propia libertad… por fortuna mucho hemos avanzado en este aspecto.
Desde la fachada norte del pueblo y al otro lado de la vega se aprecia con total claridad el Castillo de Santiuste en el término municipal de Corduente.
 
 Castillo de Santiuste
Acabo mi visita al pueblo de Ventosa dándole vueltas al hecho de que la mayoría de ciudadanos vivamos en grandes ciudades, perdiéndonos el placer para los sentidos que ofrecen pueblos como Ventosa, y ese revulsivo de vida que supone la generosa naturaleza que lo envuelve.
Es una mañana fresca verano, mientras paseo con mi bici por estas callejas tranquilas y silenciosas me acompañan decenas de vencejos que disfrutan de sus “vacaciones estivales” antes de regresar a las cálidas tierras de África.
 
Si pasáis por Ventosa ya me contaréis.

1 comentario:

Eastriver dijo...

Pues estaría muy bien perderse por estas tierras, Óscar. Viendo tus fotos me han dado ganas inmediatas de conocerla.

Hoy leía en la prensa que a principios de septiembre es cuando se multiplican las visitas a pueblos, a casas rurales, etc, porque la gente se ve de nuevo atrapada en la ciudad durante meses y más meses... No sé si es cierto, pero sí sé que a mí me ocurre totalmente.