viernes, 24 de octubre de 2014

LA LAGUNA DE TARAVILLA; cuyas aguas no saben guardar secretos...



Río Tajo. Señorío de Molina

Muchos y variados son los atractivos paisajísticos que encierra la comarca del antiguo Señorío de MolinA; siendo a mí parecer los de máxima belleza, todos aquellos parajes que conforman los ríos molineses: el Mesa, el Bullones, el Arandilla, el Cabrillas, el Gallo,  o el Tajo.

Valle río Mesa

Valle río Bullones
 
Río Arandilla
Río Cabrillas

























Valle río Tajo









Valle río Gallo
Pero hay rincones, que por sus características se convierten en más especiales que los demás, uno de estos lugares únicos, es sin dudas la Laguna de Taravilla.

 
Taravilla es una pequeña población de apenas 40 habitantes, situada en un promontorio a 1325msnm.  y asomada a los grandes valles del río Cabrillas y Tajo, siendo sus paisajes y parajes de soberbia belleza.


Y en su término municipal en el margen derecho del río Tajo se encuentra la laguna a la que el pueblo da nombre.

Muchas son las historias y leyendas que se encierran alrededor de esta laguna y sus aguas; y es que el lugar llama a eso, a la magia, a lo enigmático etc…
En tiempos se decía que no tenía fondo, o que la laguna se secaba cada vez que sus aguas tenían que desvelar algún secreto…; y en relación a esto se cuenta que:
Allá por el siglo XVI, y más concretamente el año 1528, un noble a caballo, cruzaba aquellos lares, camino de la ciudad de Cuenca; de repente una gran tormenta de verano, le hizo buscar refugio; pidiendo amparo y resguardo en una desvencijada posada que había perdida en la espesura del bosque.

 
 
El posadero al ver atuendo tan lujoso, quedó henchido de avaricia, pensando en los beneficios que podía sacarle a aquel desvalido rico hombre.
Le dio suculenta cena, junto a la chimenea y le preparó la mejor habitación de la posada.

Pero el carácter avaro del posadero, le hizo pensar que en los saquitos que colgaban del cinturón de los ropajes del noble, seguro habrían joyas y monedas…

 
Así pues cuando la posada quedó en total silencio, y se había cerciorado que el noble dormía, con cuchillo en mano entró sigilosamente en la habitación, y apuñaló al noble huésped hasta arrebatarle la vida…; inspeccionó los equipajes, y de seguida encontró abundantes monedas de oro, que raudo escondió.



Posteriormente soltó el caballo del noble, limpió la habitación y metió el cadáver del desgraciado huésped en un saco de tela; en el mismo saco metió varias piedras y lo arrojó a la laguna de Taravilla, cercana a su vieja posada.



Valle río Gallo y Castillo de Alpetea

El posadero estaba tranquilo, pues sabía que la laguna no tenía fondo, o al menos eso se decía, por lo que su crimen nunca sería descubierto; mientras comía se acordó del cuchillo, un cuchillo en cuya hoja ponía su nombre y apellidos, y que no  había retirado del cadáver, es decir que lo había dejado clavado en el infeliz caballero…; eso le preocupó poco, pues todo estaba bajos las aguas de la laguna sin fondo.

Laguna de Taravilla

A los meses el posadero ya había olvidado su crimen, y su vida había cambiado radicalmente, vestía de lujo, y su casa había sido reformada de arriba abajo, incluso se cuenta que tenía hasta criados…
Una noche las tierras del alto Tajo temblaron, de manera tal que los desprendimientos en los cañones del gran río se contaban por cientos, y el dique rocoso que retenía las aguas de la laguna de Taravilla, se resquebrajó, derramando sus aguas hacia el río Tajo y quedándose la laguna totalmente seca.
 

El suceso alarmó a los pueblos de alrededor, cuyos pobladores curiosos se acercaron a ver la laguna…; allí en el fondo que sí que lo que tenía a tan solo once metros, percivieron que había un saco; al comprobar que había dentro encontraron un cadáver con un cuchillo clavado, en cuya hoja ponía el nombre del asesino.
El posadero temeroso y afligido decidió quitarse la vida, ahorcándose de una viga en las cuadras de su posada…
A los pocos días la tierra se asentó, y de nuevo la laguna se volvió a llenar de agua.
Laguna de Taravilla

Desde entonces se dice que cuando sus aguas esconden un secreto, la laguna se seca súbitamente para mostrarlo al mundo. FINEM



sábado, 18 de octubre de 2014

JAPÓN. Un apellido original en España, abundante en la provincia de Sevilla.



 
Japón
Hace unos días en una típica cena de amigos en la que se habla de todo, entre otras cosas salió la temática futbolística, y con ella el nombre de un árbitro de nombre José Japón Sevilla…

El apellido Japón, singularmente original en nuestro país, fue el segundo tema de conversación tras dejar el fútbol, observándose esa letanía que dice, que para entender el presente hay que conocer el pasado…

Pues bien dicho y hecho, y en base a lo anterior he realizado alguna investigación para ver de dónde provenía el tal original apellido.
Parece ser que allá por el siglo XVII ( octubre del año 1614),  un gran barco dirigido por un samurái de nombre Hasekura Tsunenega surcó los mares desde tierras niponas en dirección a Roma, con la intencionalidad de que el Papa Pablo V, otorgase apoyo religioso y político a los japoneses cristianos.

Papa Pablo V

Durante este viaje decidieron hacer un alto y escala en el puerto fluvial del Gualdalquivir, en la localidad sevillana de Coria del Río.





La expedición fue recibida con gran reverencia y regocijo por las autoridades civiles y políticas, tanto de Coria como de la misma Sevilla; ciudad a que se trasladó el capitán de la expedición, el samurái  Hasekura para ser recibido por el Rey Felipe III.

Samurái Hasekura


Felipe III

Mientras sus compañeros de  expedición visitaron la ciudad de Coria, conociendo de primera mano, los encantos de Andalucía y de la andaluzas…; este hecho y el temor  a las persecuciones al cristianismo que se estaban sucediendo en tierras japonesas, conllevaron a que muchos de estos expedicionarios decidieran quedarse por tierras sevillanas, para además de disfrutar de la luz y el clima de Andalucía, poder procesar su religión con total libertad.

http://www.gazpachu.com

A los pocos meses el mestizaje entre españoles y nipones ya era una realidad, concediéndoles a los hijos un apellido entendible  y pronunciable en el idioma de Cervantes, pensando que el mejor apellido sería el del lugar de procedencia de los padres, Japón; dejando constancia de ello las anotaciones bautismales de las diversas iglesias de Coria del Río.


Hoy cuatro siglos después, se cuentan por cientos los sevillanos con el apellido Japón, habiendo pasado éste por quince generaciones de andaluces desde aquel 1614 hasta nuestros días.


Seguro que de aquel mestizaje han venido muchas cosas buenas, porque desde luego la multiculturalidad es una de las mejores cosas que le puede pasar a un pueblo. FINEM

 


miércoles, 15 de octubre de 2014

57 años después de la Riada que asoló la ciudad de Valencia.





Este año se cumple el cincuenta y siete aniversario de la Riada que asoló Valencia, vaya aquí un pequeño resumen de los que sucedió en aquellos sombríos días de octubre de 1957.

El año 1957, y en concreto su otoño pasaron a la historia de Valencia y su área metropolitana como una fecha a olvidar, debido a que el río que  dio origen a la Valencia romana, se embraveció de forma desmesurada produciéndose dos enormes riadas seguidas, el 14 de octubre de 1957.


Sobre esta temática hay varios libros; yo os recomiendo “Hasta aquí llegó la riada” del autor Francisco Pérez Puche.


La Valencia del 1957 era muy distinta a la actual ciudad; en esa época el rey del transporte público era el tranvía, en una ciudad en la que apenas había vehículos, hasta el punto que solamente treinta y cinco semáforos regulaban el tráfico de toda la ciudad en los cruces más peligrosos.

España estaba recuperándose todavía de las tristes cicatrices de la guerra, e inmersa en plena dictadura; la economía estaba muy tocada, llegando en esos instantes al mismo nivel que se encontraba en el 1936, acentuada además por la enorme helada del año 1956 que había mermado las cosechas en la región valenciana, y a España le había dejado sin divisas.


Valencia en ese momento era una ciudad media, con muchas deficiencias como el resto del estado, con apenas quinientos policías y cincuenta mil teléfonos.
 
Gran Vía Fernando el Católico, años 60
En esos momentos se estaba construyendo un nuevo mercado en Ruzafa, se veía la necesidad de construir un nuevo y gran hospital (la Fe), así como una estación de autobuses.


          Por otro lado no se encontraba presupuesto para resolver los enormes problemas que causaban los múltiples pasos a nivel (más de doscientos) y vías que cruzaban toda la ciudad  y en todas las direcciones, así como la conexión de las grandes vías, a través de un amplio túnel, desmantelando la popularmente conocida “pasarela de hierro”.

Pasarela de Hierro entre las dos Grandes Vías.

La ciudad carecía de grandes supermercados, y estaba llena de pequeños ultramarinos, e incluso vaquerías donde comprar rica y fresca leche, y que decir tiene que la reina del entretenimiento familiar era la radio.
El domingo día 13 de octubre de 1957, víspera de la tragedia que cambió la historia de Valencia, fue un domingo triste de otoño, muy lluvioso y donde en los cines se estrenaban  películas como “Ariane”; en el cine Lys, se emitía por último día tras veintidós semanas de rotundo éxito la película “El último cuplé”, en el cine Goya proyectaban “Sissi emperatriz” y en el cine Capitol “Duelo en la Jungla”. 


Muchos ciudadanos estaban en cama pasando la gripe que ese otoño atacó con fuerza.  Esa tarde el Valencia, se enfrentaba en San Sebastián contra la Real Sociedad. Y el Levante en el Estadio del Vallejo contra El Tetuán.

La noche del día 13 desde todos los municipios río arriba a Valencia en la comarca del Camp del Turia, avisaban de que una descomunal riada se dirigía hacia la capital.
Fue en concreto un molinero de Pedralba el que dio la voz de alarma a Gobernación Civil.
A eso de las 23:00 horas llegaba la bravura del agua; el ruido era ensordecedor, y las primeras olas comenzaban a saltar los petriles del río, inundando ya los lugares adyacentes al cauce.


 Todo esto hay que entenderlo en el marco del año 1957, con unos deficientes medios de comunicación, poca información, domingo de un puente festivo, etc.… la cuestión es que las autoridades (Alcalde, Presidente de la Diputación, el Gobernador, el Comandante de Marina, etc.…) se reunieron la noche del 13 al 14 en la Comandancia de Marina, junto a la desembocadura del Turia en el grao, y se quedaron incomunicados rodeados por el agua.
Los puentes que cruzaban el río, apenas pudieron soportar el embate de las aguas; varios se quedaron con los petriles y barandas arrasadas los de Aragón y  Campanar entre otros de menor tamaño. 
 
Puente de Aragón




 
Puente de Aragón

 
Puente de Campanar

 Otro puente mítico, el denominado “Pont de Fusta”, Puente de Madera, directamente desapareció para siempre…

Nuevo Pont de Fusta.

Esa noche el río entró en decenas de bajos, viviendas y locales, sorprendiendo a los habitantes de la ciudad  que en su mayoría ya dormían, barrios como Campanar, Tendetes, Sagunto, el Carmen, Ruzafa, el Grao y sobre todo la Punta y  Nazaret, quedaron totalmente arrasados. 


El centro de la ciudad tampoco se libró, en la plaza del Ayuntamiento (entonces del Caudillo) se llegó casi a los dos metros de altura del agua.


Calle de las Barcas/Teatro Principal

El lunes día 14 de octubre, Valencia se despertó estupefacta por lo que estaba aconteciendo, decenas de vehículos volcados en las cercanías del Turia, daban indicio claro de la fuerza con la que el agua había atacado; Pero lo que nadie se esperaba es que de nuevo se pusiese a llover con fuerza y sobre todo en la zona del “Camp del Turia” eso conllevó a lo que ya nadie esperaba y es que a las tres de la tarde de ese día 14 viniese de nuevo otra riada, aún mayor que la que había atacado a la ciudad por la noche. 


El nivel del agua subía por minutos, llegando en la zona de la Glorieta y Puerta de la Mar a los primeros pisos.
 
La Glorieta
 La Pasarela de la Exposición construida en 1909 y que fue el primer puente construido de hormigón en la ciudad, fue arrasado y partido en tres  por la bravura de las aguas. En la actualidad ahí está ubicado el Puente de las Flores.

Puente de la Exposición tras la riada
El caos que trajo consigo la riada, junto a la deficiente estructura administrativa y la mala coordinación de las Autoridades del momento, no permitió saber el número exacto de víctimas que la riada se había cobrado, a parte de la censura y la propaganda del régimen. Así pues con todo lo anterior se habló de un número de cincuenta y dos fallecidos en la ciudad de Valencia y de ochenta y uno en el resto de la provincia. Porque la riada no sólo afectó a la ciudad de Valencia, sino a la totalidad de los pueblos que baña el Turia a partir de los Serranos.



La ciudad de Valencia, quedó asolada, enterrada bajo toneladas de barro e inmundicias, con centenares de edificios afectados (el primer balance hablaba de 300 casas destruidas totalmente, aunque luego fueron muchas más), infraestructuras desaparecidas, cortes de electricidad y de agua potable en casi toda la urbe, etc.… (Hay que destacar que la Valencia romana, es decir la plaza de la Virgen y la Almoina, no vieron ni una gota de agua de estas inundaciones.) Se puede decir que tras la guerra civil, fue el suceso más trágico para la capital del Turia. Ese Turia que le dio la vida, en estos momentos la había herido gravemente. 

Glorieta/ calle de La Paz

Tras estos horribles acontecimientos se dieron miles de historias de familias valencianas que lo habían perdido todo con el paso de las aguas, pero surgieron también esos sentimientos de amistad, entendimiento y solidaridad, ya no solo de los valencianos que también, sino de toda España. En las primeras horas tras la tragedia llegó pan a Valencia de todos los pueblos de la región, que aliviaron el hambre de cientos de ciudadanos. 


Llegaron alimentos y ayudas de todos los rincones de España, pero destacó la región de Murcia, gracias al programa de radiofónico de“Radio Juventud de Murcia” donde se llevó a cabo una grandiosa subasta cuyos beneficios vinieron directamente a Valencia. En gratitud con el pueblo murciano, tras la riada se construyó un nuevo barrio en Valencia, al que se le dio el nombre de la patrona de Murcia, “la Virgen de la Fuensanta.” 
 
Barrio de la Fuensanta Valencia.
Todos los Gobernadores Provinciales, abrieron cuentas bancarias, para que los ciudadanos diesen donativos para Valencia, de este modo se recaudaron unos doscientos ocho millones de pesetas.
El gobierno de Franco, prometió unos trescientos millones de pesetas para Valencia, pero lo cierto es que en junio de 1958, es decir ocho meses después de la riada, nada había llegado a Valencia de ese dinero, lo que llevó al alcalde Don Tomás Trenor a escribir una carta contundente donde pedía ese dinero de inmediato y acusaba al gobierno franquista de no haber realizado nada que hubiese impedido la nueva inundación  que en esa primavera Valencia volvió a sufrir. (Mucho menor que la anterior.) 
 
Franco visita Valencia tras la riada
Esta carta la leyó el alcalde en un  histórico pleno  del Ayuntamiento. El Gobernador Civil tras enterarse de este escrito mandó censurarla de inmediato, para que no saliese en prensa y en caso de que apareciera algo, ésto fuese maquillado.
Esta carta tuvo varios efectos, y es que se dio la primera partida de cien millones de pesetas para la ciudad, y en 22 de julio, el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de la Solución Sur. También ocurrió que el valiente alcalde, fue destituido directamente por órdenes del Pardo. A Don Tomás Trenor, lo sustituyó Don Adolfo Rincón de Arellano.
Así pues a partir del año 1963 a través de sellos de correo, se va a sufragar el denominado Plan Sur, que consistía en sacar el río Turia del casco urbano de Valencia, y promover su desembocadura al Sur de la ciudad, junto a Pinedo, las obras comienzan en febrero de 1965, y se finalizan en Enero de 1972, el 18 de junio de ese año, el nuevo cauce soporta la primera avenida de agua de lado a lado.

Tras la realización del plan sur, se plantea en la ciudad que hacer con el viejo cauce; desde el Ayuntamiento y los sectores más conservadores se plantea hacer una autopista que una la Nacional III proveniente de Madrid, con el Puerto, pero los sectores más progresistas y de izquierda bajo el lema “el riu es nostre i el volem verd” comienzan a hacer movilizaciones planteando que se convierta en un jardín público para toda la ciudad. 

La arribada de la democracia, y el triunfo electoral de las fuerzas políticas de izquieda consiguieron que finalmente éste fuese el destino final del antiguo cauce del Turia

La Valencia de hoy es muy distinta a la de 1957, pero debemos saber que la ciudad de Valencia todavía está en peligro en relación a las avenidas del Turia, si viniese una riada como la del 1957, según expertos como Martín Quirós, el nuevo cauce no es capaz de sobrellevarla, lo que llevaría también a la inundación del viejo cauce. El Plan Sur, además de la construcción del nuevo cauce, tenía previsto la edificación de una presa en el municipio de Villamarchante, para que éste regulara las futuras avenidas; de esta presa a día de hoy nada se sabe. Así pues parece un poco asombroso que se hayan construido edificios emblemáticos como la Ciudad de las Ciencias en lugares que pueden volverse a inundar. No es una situación para alarmarse, pero sí para preocuparse.

Riada por el Puente de Serranos

Sirva este humilde artículo de homenaje y recuerdo a aquellos valencianos que padecieron el embate del Turia.