domingo, 23 de noviembre de 2014

El ejemplo de PEDRO LLORENTE ESCRIBANO. Poder es querer.




Amigos y amigas del blog, hoy nos os voy a hablar de ningún paraje, o pasaje histórico, hoy sólo quiero presentaros a un buen amigo, una persona que creo que merece de sobra tener una pequeña semblanza en este cajón de sastre blog, siendo para mí y para esta bitácora todo un honor.
Hoy os presento a uno de mis héroes, a Pedro Llorente Escribano:

 
Hace unos días, le dije a Pedro que me gustaría hacerle una seudo-entrevista para publicarle una reseña en el blog, y dicho y hecho, me recibió junto a su perro en su casa familiar en pleno barrio de Patraix.
Pedro estaba leyendo la prensa a través de internet, y escuchando rap, música que me cuenta le apasiona desde muy pequeño, siendo raro el día que no escucha algún acorde rapero.



De hecho me buscó varios vídeos por youtube, para que escuchase la letra reivindicativa de varias canciones. 


Pedro tiene ahora veinte años, y cuenta con total naturalidad e incluso le pone notas  de humor que antes de nacer hubo un problema entre el líquido amniótico de embrión donde se encontraba y su columna vertebral, teniendo como resultado la enfermedad de Espina Bífida; este hecho es el que le ha llevado a tener que moverse en una silla de ruedas, que debido a su activismo tiene que reparar cada dos por tres.
Me cuenta con ilusión como están transcurriendo sus primeros años en la Universidad; pues el año pasado empezó los estudios de doble grado de Derecho y Ciencias Políticas, obteniendo en el primer curso una media por encima de 7,5; le pregunto si estudia mucho, y me dice que lo justo, que sólo bajo presión en vísperas de los exámenes. Y ahí me habla de sus compañeros y compañeras de la Universidad, a los cuales adora por lo bien que se portan con él. “Me cuidan mucho, y con ellos voy de pubs e incluso a discotecas”.

 
Y es que ser amigo de Pedro no es difícil pues te aporta mucho más de lo que tú puedes aportarle a él.
Muchas veces me río con él, por su carácter cabezota cuando considera que lleva razón, y hablando de esto me cuenta un pasaje que tuvo en el colegio del barrio Concha Espina. “Era invierno y hacía mucho frío por lo que me puse un gorro…, este gorro tenía bordada una hoja de marihuana, y me llevaron al despacho del director porque yo no me lo quería quitar, aludiendo a que estaba haciendo apología de la marihuana…”. Nos reímos mientras me lo contaba, finalizando con un: “y por supuesto no me lo quité”.


A Pedro le brillan los ojos cuando me habla de su pareja, Claudia a la que conoció a través de una red social, y con la que pasa los fines de semana; manteniendo relación desde hace más de dos años.

 
Enseguida nuestra conversación torna hacia la situación política y social del país, y es que Pedro es un animal político, le encanta el arte del servicio público, y como su madre es un gran luchador por eso que muchos llamamos cambiar el mundo y hacerlo un lugar un poco más agradable para vivir.
La mamá de Pedro, Ángela Escribano es una mujer de rompe y rasga, siendo todo un referente en materia de Feminismo e Igualdad; con la cualidad además de saber explicar, ilusionar e involucrar a todo aquel/lla que está alrededor.

Ángela Escribano Martínez

Pedro se maneja muy bien por internet y las redes sociales, siendo por tanto conocedor de las diversas actividades reivindicativas y de acción política que se llevan a cabo a lo largo y ancho de la ciudad, así pues  cuando hay algo que considera justo defender, prepara su kit con megáfono incluido, y allá que se va. No siendo difícil verlo en manifestaciones en defensa de lo público, de la igualdad, contra el maltrato animal, o apostando por la república como modelo político de estado.

 
 
Su concienciación política le llevó hace unos meses a afiliarse al PSPV-PSOE, haciéndolo en la Agrupación de Abastos; cuando le pregunto por la opción de esta Agrupación me contesta: “porque tiene fama de roja y activista y yo soy rojo y activista”.

 

Y la verdad que ese activismo le ha llevado a no tener ningún problema de mandar cartas a todo mandatario o responsable que Pedro entendiese podía hacer algo por cambiar las cosas.
Así de esta manera escribió varias cartas a Rodríguez Zapatero, en donde entre otras cosas le decía “me gustaría seguir tus pasos y ser Presidente del Gobierno”; porque Pedro a la pregunta de ¿qué quieres ser de mayor? Te contesta que “Presidente del Gobierno”; pero no para tener coche oficial o vivir en la Moncloa, Pedro quiere ser Presidente para cambiar las cosas.

Carta de R. Zapatero a Pedro

Fotos de R.Zapatero y F. de la Vega dedicadas a Pedro

Su continuo hacer y su afán de no caer en la desazón por duras que vengan las cosas, lo han convertido en un militante reconocido, hasta el punto que no ha habido líder del PSOE que no haya hablado con él, o compartido algunas experiencias.

 
 
 

Pedro por ejemplo recuerda con gran entusiasmo, como Elena Valenciano, tras enterarse del gran trabajo de campaña que estaba haciendo Pedro en la ciudad de Valencia para las elecciones europeas, le pidiese que le acompañara a Madrid al cierre de campaña, compartiendo Pedro y su madre, toda una jornada electoral con Valenciano y Pérez Rubalcaba, el cual incluso le pidió a Pedro que revisara su discurso de cierre de campaña para ver que le parecía.

 
La verdad amigos/as es que conocer a Pedro es quererlo y admirarlo, pues no se puede hacer una cosa sin la otra.
 Y sobre todo es de admirar el gran ejemplo de lucha, dejando a un lado las barreras y las dificultades, mostrando esa máxima de que si se quiere se puede.

 
Termino este post, dando las gracias a personas como Pedro Llorente Escribano por darnos todos los días lecciones de ser y de vivir. FINEM. 




lunes, 10 de noviembre de 2014

VISITANDO EL PALACIO DUCAL DE GANDÍA, y tomando algunas notas sobre el IV Duque; San Francisco de Borja



Hace tan sólo unos días, tuve el enorme placer de conocer la ciudad de Gandía, y en ésta además de admirar sus playas, o su buen hacer urbanístico.

  
  
 
 

Pude visitar el Palacio Ducal, ese Palacio donde a lo largo de los siglos vivieron los Duques de Gandía, siendo la familia Borja la más destacada en este título nobiliario.

 
 

Tres han sido los nombres que por su relevancia han pasado a la historia con más fuerza que los demás, estos son Alfons de Borja, (Papa Calixto III), Rodrigo de Borja (Papa Alejandro VI), y Francisco de Borja, al cual lo canonizaron e hicieron Santo en 1671, bajo el Papado de Clemente X. 

Calixto III
Alejandro VI

Y es en relación a éste último personaje, sobre el que quiero contar algunas cuestiones:
Desde siempre había visto la iconografía de San Francisco de Borja sosteniendo una calavera, incluso en alguna pintura había visto esta calavera con corona Real:
Iconografía San Francisco de Borja
Tras visitar el Palacio Ducal supe cuál es la razón de esta representación, ya que además el pasaje ocurrido, resultó ser el punto de inflexión en la vida del Borja, el cual decidió abandonar los lujos de su condición social, para convertirse en sacerdote Jesuita.

 
                                                                       Interiores del Palacio Ducal

Francisco de Borja formaba parte de la Corte española al servicio del Emperador Calor I de España y V de Alemania, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, y por ende nieto de los Reyes Católicos.

Emperador Carlos V
Una de sus funciones fue la del cuidado y protección de la Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de  Emperador Carlos; ya que éste por ser la máxima autoridad de vastos territorios, estaba mucho tiempo fuera de la Corte.
Emperatriz Isabel de Portugal
Las crónicas cuentan de la virtualidad de la Emperatriz Isabel, donde la bondad y la belleza parece ser que discutían a ver cuál era más abundante en su persona.
Así no es de extrañar que en el de Gandía surgiera un querer y fervor especial hacia la Emperatriz, hablando algunos historiadores de la existencia de un amor platónico hacia la reina por parte de Francisco de Borja.
La cuestión es que en abril del  año 1539, la Emperatriz tiene un alumbramiento, en que da a luz a un niño muerto, el malogrado parto, le provoca grandes derrames que pocos días después acaba con su propia vida, a la edad de treinta y seis años…; fallece en el Palacio de Fuensalida de Toledo, y el Emperador manda que sea enterrada en el panteón Real de Granada; así pues se prepara un cortejo fúnebre que transporte los restos mortales de la bella Emperatriz desde Toledo hasta la ciudad de la Alhambra, y para coordinar tal empresa, Carlos I designa al desolado Francisco de Borja.
La marcha fúnebre duró más de dos semanas, por tierras de la Mancha y Andalucía en mitad de una descomunal calurosa primavera.

 

 Al llegar a Granada y justo antes de entregar el féretro a los monjes que debían sepultarlo, para dar fe del hecho de la entrega del cuerpo de la Emperatriz, se mandó abrir el ataúd…; el calor y los días de marcha en el traslado habían conllevado a un veloz avance en la descomposición del cuerpo sin vida de la Emperatriz.

 
 
Esta visión impresionó enormemente a Francisco de Borja, el cual afirmó que: “no puedo jurar que esta sea la Emperatriz, pero si juro que es su cadáver el que aquí ponemos”… instantes después muy apesadumbrado prácticamente calló derrumbado ante uno de sus caballeros.

 
El que después fue Duque de Gandía no puede quitarse de la cabeza la visión de aquellos restos, de la mujer por la que había sentido tanta devoción, entrando en un importante desasosiego espiritual; y pronunciando aquella célebre frase de “nunca más servir a Señor que se me pueda morir”.


Sus pensamientos raudos tras estos sucesos comenzaron a valorar lo espiritual frente a lo material, y pidió al Emperador abandonar la Corte y la vida pública, pero Carlos V, no aceptó su petición, y le encomendó ser Virrey de Cataluña, cargo que desempeñó el de Gandía desde el año 1539 al 1543; siendo en este año y tras la muerte de su padre, cuando además heredó el título del Ducado de la capital de la Safor.


En 1546 fallece su esposa, siendo éste el motivo último que le impulsa a Borja a abandonar los lujos de la nobleza para ingresar en la Compañía de Jesús; pero lo hace en secreto, pues su descendiente en el Ducado todavía es pequeño, y además Ignacio de Loyola le indica que debe de estudiar Teología, haciéndolo en la Universidad que sea acababa de fundar en Gandía.


Así pues el Duque de Gandía ejerce como tal de cara a la galería, pero había ordenado construirse una humilde y sencilla alcoba tras el Salón del Trono, donde dormía y vivía, así como un recóndito oratorio, muy transformado a día de hoy.


En 1550 cede el Ducado de Gandía a su primogénito Carlos de Borja que pasa a ser el quinto Duque de Gandía, y acabados sus estudios de Teología, Francisco de Borja fue ordenado Sacerdote.

 

Una de las funciones como Sacerdote fue la de reconfortar y atender a Juana I de Castilla, conocida popularmente como Juana la Loca, ya que éste había sido recluida en un palacete en la ciudad Castellana de Tordesillas durante más de cuarenta y seis años… pero esta es otra historia de la que algún día comentaremos en el blog.
Juana de Castilla recluída en Tordesillas
Francisco de Borja murió el 30 de septiembre de 1572 en la ciudad de Roma; en 1572 fue Beatificado y en 1671 Canonizado como Santo.
Así pues ya sabéis el porqué de la iconografía del Santo de Gandía…
Si pasáis por la bella Gandía no dejéis de visitar el Palacio Ducal, ya me contaréis. FINEM.


viernes, 7 de noviembre de 2014

¿VOLVERÁ BOABDIL A GRANADA? Algunos apuntes sobre el último Sultán de Granada.

Entrega de Granada 2 de enero 1492

Allá por el siglo XVIII, un sacerdote granadino de apellido Echevarría, escribe un libro, cuya mayor finalidad era la de desprestigiar la figura del último emir de Granada, Boabdil conocido popularmente como el Rey chico. 

 

Así pues el Padre Echevarria en su obra “Los Paseos de Granada”, es el primero en relatar ese pasaje en el que se cuenta que Boabdil, tras firmar su rendición y hacer entrega de las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492, camino de su exilio a las alpujarras, al subir un altozano giró la cabeza para mirar por última vez la ciudad de Granada, coronada por las torres bermejas, la alcazaba y el majestuoso palacio de la Alhambra…; desde entonces a ese pequeño promontorio por el que hoy transcurre la autovía que va desde Granada a Motril, se le denomina “el suspiro del moro”…; dice también la historia que cuando Boabdil se giró, bajó de su caballo y lleno de amargura, hincó sus rodillas al suelo, y ante su familiares y séquito lloró desconsoladamente.

Cuadro sobre la leyenda del exilio de Boabdil titulado El suspiro del moro pintado por Pradilla (1892)



Su madre, la ambiciosa Aixa le espetó: “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre…”.
Los historiadores en general no consideran real tal pasaje; pero por lo creíble ante los hechos acaecidos y la fuerza de la escena, el sentir general de la población lo ha tomado como real, siendo una historia conocida por todos.

 

 

Mucho ha sido lo que se ha debatido sobre la figura de Muhámmad XII que era su verdadero nombre, e incluso tras la conquista y siglos después como se observa en el libro de Echevarría se le tacha de cobarde y traidor hacia su pueblo; pero a mi entender creo que fue todo lo contrario, creo que fue un buen Rey, capaz e inteligente, y cuya mayor preocupación fue la de dejar un buen porvenir para su pueblo.


Unos años antes de la toma de Granada, su tío El Zagal se había empeñado en enfrentarse cuerpo a cuerpo con los Católicos en la ciudad de Málaga, sin importar las consecuencias que eso  pudiese acarrear a la población; así pues tras varios meses de asedio, y la práctica destrucción de la ciudad, el pendón de Castilla ondeó sobre la alcazaba de Gibralfaro en la mañana del 17 de agosto de 1487, teniendo a sus pies una ciudad totalmente devastada y una población sumida en el dolor y la ruina…; instantes antes de entrar los castellanos sobre la mora Málaga, El Zagal y su séquito habían huído…

Azulejos de la conquista de Málaga, Plaza de España de Sevilla.

Que diferente fue la acción de Boabdil que prefirió su exilio y el de su familia, antes de sumir a su pueblo en una guerra, y dejarlo inmerso en llanto y destrucción.

 
Antes de la entrega de Granada Boabdil firmó una serie de capitulaciones; esto es una especie de contrato con los Católicos, donde entre otras cosas los nuevos Reyes de Granada se comprometían a respetar  las leyes, religión y costumbres de los moradores de Granada. 



Boabdil con su familia se instaló en la montañosa comarca de las alpujarras, residiendo en la localidad de Laujar de Andarax (Almería).

Pero al año de haber dejado la Alhambra, su amada esposa y por ende última Sultana de Granada, Morayma  murió súbitamente, siendo enterrada en la localidad de Mondújar en el valle de Lecrín…; los historiadores creen que el lugar exacto de su enterramiento se ubica, junto a la actual nacional 332 y la iglesia de Mondújar.
 
Escultura de Morayma llorando en Loja
Boabdil sumido en la más profunda tristeza, abandona su tierra natal, deja la Península Ibérica y se traslada con su familia hasta Marruecos en concreto a la ciudad de Fez; corría el año 1493.

Boabdil en Fez, vivió como Príncipe huésped del Sultán hasta su muerte en el año 1533, es decir cuarenta años después, y lejos del papel de pusilánime y débil que los historiadores de la reconquista pretendieron dar de Boabdil, parece ser que éste, pese a ser un hombre de letras, luchó y guerreó junto a su anfitrión, hasta el punto, que su muerte le vino en el campo de batalla por recibir un lanzazo junto al corazón…

 
 
 
La cosa es que cuatrocientos ochenta y un años después, el genial cineasta Javier Balaguer, y el diligente forense Francisco de Etxebarria, están haciendo las gestiones pertinentes en el vecino Marruecos, para examinar una tumba y lo que allí se contenga, donde el saber popular ha identificado desde siempre como la última morada del Rey Chico.

Foto del periódico ABC


Acabo este post, con el deseo de que la ardua burocracia y la diplomacia sean ágiles para poder realizar estas investigaciones, y que ojalá los restos del último Sultán de Granada pudiesen ser devueltos y descansar para siempre en los jardines de ese Palacio rojo, entre las grandes montañas de Sierra Nevada y la vega de Granada...
 
Y cerca de su amada Morayma. FINEM