domingo, 26 de julio de 2015

UN TESORO BAJO LAS AGUAS DE LA LAGUNA DE TARAVILLA.



 

Hace unos días leía una reseña en un medio digital sobre la novela “la isla del tesoro”; del genial  Robert Louis Stevenson…; al poco me vino a la cabeza esa leyenda que desde tiempos inmemoriales se cuenta por las vastas tierras del antiguo Señorío de Molina, en relación al gran tesoro que se escondió en los confines del alto curso del río Tajo.


La historia es la siguiente: corría el verano del año 710 (siglo VIII); cuando el Rey Visigodo Don Roderico, y ante la entrada de musulmanes por el Sur de la Península, convocó a la “nobleza” de la época.

La reunión se llevó  a cabo en lo que es la actual ciudad de Toledo, junto a las aguas del río Tajo.



A aquella reunión, entre otros, acudió el Gobernador de Ceuta, conocido como el Conde don Julián, y a éste le acompañaba su hija, de nombre Florinda, y que según cuentan las crónicas legendarias, su belleza era comparable con la de un amanecer en primavera…
Florinda todas las mañanas tomaba el sol junto a las bravas aguas del río Tajo, e incluso tomaba el baño, siendo observada por muchos de los invitados a aquellas jornadas de reunión de estrategia -  prebélicas. 

 

Y aquí es donde la leyenda toma caminos diversos, una parte dice que entre el Rey don Roderico y Florinda surge una relación amorosa, y otra alude a que don Roderico, fuerza a Florinda a mantener relaciones sexuales. 

 
Fuera como fuese, es que el padre de Florinda don Julián entendió como una deshonra para su hija, el hecho de que hubiese existido un escarceo sexual entre don Roderico y la joven doncella, así pues a su vuelta a Ceuta, trató de vengarse de don Roderico, entendiendo que la mejor forma de hacerlo, era permitiendo el paso de árabes hacia la Península.


Así pues entre los días 19 y 26 de julio del año 711; justo un año después de las reuniones secretas junto al río Tajo, las tropas visigodas se enfrentaron a las árabes en las zonas aledañas al río Guadalete.


La batalla fue larga y cruenta, contando los cronistas de la época que el río tornó sus cristalinas aguas, en rojo sangriento, por los miles de cuerpos mutilados y sin vida  que yacían en sus riberas.


 Los ejércitos árabes, “extrañamente” aumentados en  número de soldados…; vencieron a las visigodas,  matando entre otros al propio Rey don Roderico, cuya sangre derramada supuso el fin de los reinados visigodos sobre la Península Ibérica, y la llegada de los Reinos y Taifas árabes.


Y cuenta le leyenda que don Julián arrepentido de la traición, y temeroso de que los tesoros amasados en sus años como Gobernador de Ceuta cayesen en manos sarracenas, decidió huir con su familia a las recónditas tierras donde el río Tajo da sus primeros pasos.

 

Allí escondidos en la espesura de la abrupta naturaleza, vivió sus últimos días, y para evitar que sus  riquezas fuesen tomadas por los árabes, decidió arrojarlas a las profundidades de la laguna de la Parra, años después conocida como laguna de Taravilla.

 

  

 
Florinda desesperada ante la dura vida que le esperaba, montada en un caballo, cabalgó y cabalgó aguas abajo del río Tajo, hasta llegar al sitio donde conoció a don Roderico; queriendo pensar que lo realmente  surgido había sido amor, y no violación, se comprende que Florinda se arrojase al río, con la intención  de expirar bajo el abrazo asfixiador de las aguas del Tajo… a ese lugar junto al puente de San Martín en Toledo, se le conoce hoy como el baño de la Cava…; y dicen que no es raro escuchar el sollozo de aquella bella doncella.

 

Mientras tanto en las latitudes del alto Tajo, en su preciosa laguna de Taravilla, las noches de luna llena, ésta juega a los reflejos con las joyas y rubíes que en las profundidades del lago arrojó en su día el tal Don Julián… FINEM

 


jueves, 9 de julio de 2015

La "vaquilla" de Teruel comienza con la puesta de un pañuelico a su torico.







La mayoría de fiestas populares y patronales, comienzan con un chupinazo, con un pregón, un pasacalles, una traca, etc… pero en la ciudad de Teruel se hace de forma distinta, las fiestas en Teruel comienzan con un homenaje a su emblema más preciado, el torico.

 
Corrían los años 60 del pasado siglo XX, cuando a un grupo de amigos de Teruel, con ocasión de la celebración de las fiestas de la vaquilla del ángel se les ocurrió vestir al toro más famoso de la ciudad (el torico), y lo ataviaron con una pañuelo de color rojo, a semejanza del que llevan los y las peñistas a lo largo de  dichas  fiestas; a algunas personas aquello les pareció una gamberrada, incluso los más reaccionarios lo calificaron de ofensa; pero parece ser que al final aquello gustó; Esa primera puesta del pañuelo, se fue repitiendo año tras año, y con ello tomando más importancia y repercusión, hasta que en el año 1982, el Ayuntamiento metió tal acto, como uno de los más importantes y emotivos dentro del calendario festivo turolense, traduciéndose para los oriundos como un homenaje y tributo a su toro más famoso.

 



                                          


Desde entonces y cada año, es una de la peñas, de las que conforman el grupo de interpeñas de la ciudad,   la encargada de la colocación del pañuelico; a eso de las 16:30 en el balcón del Ayuntamiento, frente a Santa María de Mediavilla, la soberbia catedral mudéjar de Teruel, el Alcalde/sa de turno, entrega al representante de la peña, el pañuelico rojo que lucirá el torico durante todas las fiestas, a la vez que otro peñista tira de la cuerda, que hace sonar una pequeña campana (el campanico) situado sobre el tejado de la casa consistorial; y que sólo se le hace sonar en todo el año para esta efeméride.

 



Posteriormente la peña encargada de la puesta y colocación del pañuelico, se arremolina en torno a la fuente del torico, y el representante elegido por la peña, con la ayuda de los compañeros, y haciendo uso del pulso, la habilidad y la destreza, se encarama a la gran columna en la que descansa el torico, para posteriormente enrollar al cuello del torico, el pañuelico de color rojo; pañuelo que dona una empresa de ropas de la ciudad: “tejidos Ferrán”, y que cada año es distinto en el bordado, del cuál se encargan las monjas Carmelitas de Teruel.




 



En ese momento estalla la fiesta, y de forma parecida al chupinazo de Pamplona, el vino y la sangría comienzan a desparramarse por todos los lados, para raudo el impoluto color blanco del uniforme de vaquillero, tornarse en un morado intenso.
Las más antiguas referencias encontradas sobre la fiesta de la vaquilla son del año 1886, y desde 1940 tras la guerra civil, los actos vienen a ser más o menos los mismos, con la inclusión en 1986 como os he contado al principio de la puesta del pañuelico; hay un interesante libro que cuenta todas estas cuestiones, acompañado de decenas de ilustraciones, obra del turolense Francisco Gómez; siendo muy curiosa la anécdota que cuenta, con ocasión de la visita que hizo la Reina Isabel II a estas fiestas cuando todavía era Infanta.

http://www.terueltirwal.es/
El nombre de la Vaquilla del Ángel; se refiere a la misma fundación legendaria de la ciudad; cuenta la  historia que el Rey Alfonso II hacia el año 1171, conquistó la zona, expulsando a los árabes de la pequeña ciudad denominada Tirwal…; la leyenda ha añadido que sus tropas tras conquistar la pequeña población querían fundar una nueva ciudad; uno de ellos observó como un hermoso toro bebía  en las aguas del río Guadalaviar, y que entre las astas, se apreciaba una brillante estrella, que denominaron Actuel; consideraron que eso eran símbolos de buenos presagios y decidieron levantar en la ladera asomada al río, la actual ciudad de Teruel, utilizando para su nomenclatura los términos: toro y actuel, derivando en  Teruel.


De inmediato en los blasones y escudos de armas de la ciudad, añadieron el toro y la estrella, convirtiéndose éstos en símbolos perenes de la ciudad de los amantes; así transformando el toro por vaquilla y la estrella por un ángel custodio deriva el nombre de la fiesta, la vaquilla del Ángel.

Monumento a la Vaquilla del Ángel
Fuera como fuese es que el fin de semana más próximo a San Cristobal (10 de julio), o el segundo desde San Pedro (29 de junio), la ciudad de Teruel se transforma para acoger a miles de visitantes, y dar el pistoletazo de salida al nuevo verano.












Siempre es recomendable la visita a la ciudad de Teruel, y disfrutar de su monumentalidad, de su mudéjar, de su modernismo, de sus leyendas, de su gastronomía, de sus gentes, etc…; pero hacerlo en “vaquillas” nombre con el que se conoce popularmente a la fiesta, hará la visita inolvidable. FINEM.