sábado, 30 de mayo de 2015

HISTORIA DE LA BANDERA OFICIAL ESPAÑOLA



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Hace un rato escuchaba  en la radio, la  polémica surgida en relación a que en los próximos días Barcelona Club de Fútbol y Atleti de Bilbao, van a jugar la final de la Copa del Rey en la ciudad condal, y el temor que tiene la Federación Nacional de Fútbol a que se produzca una monumental pitada al himno español, cuando este suene…

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La verdad es que nunca he sido muy de himnos ni de banderas, entre otras cosas porque me considero ciudadano del mundo y porque además las banderas muchas veces se utilizan para pegar con el palo…
De hecho en las fiestas del pueblo cuando me ha tocado poner banderas, siempre me han gustado la de triángulos de colores, flecos, u otras alegorías que a nadie excluían.



Pero fuera como fuese, nuestro país como todos los estados, tienen un himno y una bandera oficiales, y que lo representan en competiciones deportivas, actos institucionales y oficiales, etc…



En el post de hoy os voy a hablar de la historia de la bandera oficial española:
El 18 de diciembre de 1981, un Real Decreto (2964/81) especifica cuál es el nuevo escudo de España, eliminando del mismo el águila impuesta durante la dictadura franquista; y en su artículo tercero se dice que la bandera oficial, seguiría siendo la rojigualda pero con la incursión del nuevo escudo democrático.

Pero la tradición del uso de esta bandera viene de tiempos pretéritos, y se fue popularizando poco a poco entre la población, sobre todo en los tiempos de la Guerra de la Independencia contra los franceses, ya que los ejércitos españoles, la llevaban como emblema.


Tras la Guerra de Sucesión y con la llegada de la dinastía Borbón a la Corte española allá por el año 1.700, la bandera oficial española, era la de la casa de los borbones, compuesta por los colores blanco y azul celeste. 


 El problema de esta bandera era que para los buques marítimos, tanto de guerra, como mercantes hacían  se hacía ardua complicada su visión; siendo muy habitual el bombardeo y hundimiento de naves propias por la mala visibilidad y con ello identificación del pabellón del buque.


En el año 1.734 accede al poder Carlos III, y éste siendo conocedor de los problemas que la bandera borbónica y por ende oficial de España, conllevaba en el alta mar, estando en el Palacio Real de Aranjuez, convocó un concurso de diseños de banderas, anunciando tal concurso como: “para evitar los inconvenientes y perjuicios que puede ocasionar la bandera nacional que usa mi armada naval y demás embarcaciones, equivocándose en las largas distancias y con vientos calmosos con los de otras naciones.”

Carlos III

Así pues en este concurso se presentaron varios modelos, seleccionando doce bocetos; la condición más relevante era que ésta fuese visible e identificable en las largas distancias; al Rey le gustó el modelo que representaba unas franjas rojas y amarillas; más que nada porque eran colores chillones y vivos y que harían fácilmente identificables a los buques españoles en el alta mar; siendo éste el verdadero origen de la actual bandera española.

En 28 de mayo de 1785, se decretó que los buques de guerra enarbolaran en el mástil mayor, una bandera con dos franjas rojas, y una doble de grande amarilla en el centro; y que los buques mercantes hicieran lo mismo, pero que sus banderas estuviesen compuestas por franjas rojas y franjas amarillas intercaladas. Colores éstos inspirados en la Corona de Aragón.


Con la Guerra de la Independencia, ante la variedad de banderas, y por el hecho de que muchas de ellas se perdieron en el campo de batalla, las Cortes de Cádiz de forma tácita oficializaron la rojigualda, de ahí que los ejércitos españoles comenzasen a llevarla como emblema, siendo en este momento cuando comenzó a popularizarse entre la población la utilización de la bandera.


Finalmente en el año 1843, por Real Decreto de 13 de octubre, firmado y promulgado por la Reina Isabel II, se aprueba la bandera roja amarilla y roja, como común a los ejércitos.

Isabel II

Siendo poco a poco aceptada como oficios o representativa del país, aunque realmente la oficial seguía siendo la bandera borbónica.
El 1931 con el triunfo en las grandes ciudades de los partidos republicanos, se instauró la Segunda República, aprobando ya una bandera oficial diferente a la monárquica, y que sería la que también llevarían los ejércitos españoles; se trataba de tres franjas de igual tamaño, donde además del rojo y amarillo se integró el morado, como haciendo mención al pendón de Castilla, estando así incluidos en la nueva emblema los dos Reinos más importantes originarios de España, Castilla y Aragón.


El 18 de julio de 1936, un sector del ejército da un golpe de estado contra la República Democrática Española, fracasando en un primer momento y dando paso a una cruenta y devastadora Guerra Civil, la cual fue ganada por los golpistas, instaurándose una dictadura, la dictadura del General Franco, el cual repuso la bandera rojigualda, incluyendo un escudo con muchas analogías al empleado por los Reyes Católicos tras la toma de Granada.


Ya en democracia de nuevo, tras la dictadura y la transición, el artículo 4.1 de la Constitución, tipifica que: “La Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas".


Y ésta es a modo groso la historia de la bandera española; recordándoos a todos/as que por encima de la oficialidad están los sentimientos y que bajo la premisa del respeto mutuo, cada uno se envuelva en la bandera que quiera, si es que quiere hacerlo. FINEM

 



viernes, 8 de mayo de 2015

En busca de unos TILOS centenarios por las rochas del Alto Tajo.



La Pinta era más ligera e iba delante de las otras dos carabelas, eran las 2:00 de la madrugada del 12 de octubre del año 1492; un tal Rodrigo de Triana, apostado en lo más alto de los mástiles de la nave, comienza a gritar y hacer aspavientos…: sus cuerdas vocales dicen “tierra, tierra a la vista”…
Las naves que dirigía el Almirante Cristóbal Colón, bajo el patrocinio de los Reyes Católicos, habían llegado al nuevo mundo, se acaba de descubrir América…
 


Lejos de allí en los más profundo del Reino de Castilla, y dentro de los vastos terrenos que conformaban un antiguo Señorío, asomados a los cañones del río Tajo, cerca del caserío de Peralejos nacían unos ejemplares de tilos.
 
Lo hacían allí por la idoneidad del lugar, sitio húmedo y fresco, resguardado de la incidencia de los rayos solares y casi colgados de  un precipicio de inefable belleza.
 
Hace unos días quinientos años después de aquel avistamiento de tierra allende los mares, mi hermano Javi, mi cuñada Tere y el que escribe, decidimos ir a visitar a estos longevos seres vivos, a estos supervivientes natos, que tantas lecciones de vida dan con solamente contemplar sus portes.

 
Tomando la carretera que parte desde Peralejos de las Truchas (Guadalajara), en paralelo al río Tajo, y en dirección al puente del Martinete, es fácil identificar, en mitad de la ladera de en frente y  bajo las rochas del padre Tajo, los “brazos” aún deshojados de estos grandes seres vivos, o el color verde intenso de las incipientes hojas con forma de corazón, que anuncian una nueva primavera.

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Peralejos de las Truchas.
Así pues dejamos el coche en una explanada junto al puente del Martinete, para comenzar a andar por un sendero que surge a mano izquierda, en la margen izquierda del Tajo.

 
Tras atravesar un frondoso pinar albar, y junto a un pequeño arroyo que aboca sus aguas al Tajo junto al Martinete, comenzamos a subir la ladera de la montaña, entre aliagas en flor, y decenas de caparazones de caracolas.

 
 

 

Los chopos vigilantes del arroyo, cuanto apenas tenían las yemas pintadas, anunciando el brote de su “nuevo vestuario estival”; y es que el campo en esta época del año, y por estos lares es todo un espectáculo.

 

  
 

Por fin alcanzamos las rochas o grandes farallones tan característicos del Alto Tajo que simulando grandes murallas, conforman inexpugnables castillos imaginarios.

 
 
 
Bajo las paredes siempre hay un sendero de los animales, siendo éste el camino ideal a seguir en busca de los grandes tilos.

 
Desde aquí las panorámicas son de impresión, el paisaje abrupto y soberbio, invita a la reflexión, al pensamiento.

 
Hace poco leí un libro editado y creado  por los componentes de la Asociación Micorriza; el título del mismo es: “Guía de árboles y arboledas de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo”; libro que sin lugar a dudas recomiendo encarecidamente, y que en su contraportada decía: “Las plantas sobrevivimos sin los humanos. Sois vosotros los que no podéis vivir sin nosotras…” entendiendo aún más si cabe esta frase al contemplar este gran espectáculo digno del jardín de las Hespérides.

Por fin y de repente entre la espesura del bosque llegamos al encuentro de los grandes tilos. 

 
Siendo el segundo de ellos el que más impresión me dio, por su grandeza, robustez, y longevidad manifiesta.

 
 
Allí nos sentamos a descansar y a pensar en la historia del árbol, pensando como os decía al principio que podría datar perfectamente del siglo XV.

 
El lugar donde se encuentra tiene un cáliz especial, era como si la tila (el fruto del tilo), se esparciera en el ambiente, pues todo invitaba a la tranquilidad, a la relajación, a la reflexión.

 
  
Observando las dimensiones del árbol y su lugar de residencia, y con eso de que el lugar invitaba a la reflexión, también pensé en ese proverbio indio que en base a la ambición de ser humano dice que: “cuando hayas matado al último animal, contaminado el último río y talado el último árbol, te darás cuenta que el dinero no se come…”

 
 
Así y tras la satisfacción de haber conocido a estos grandes supervivientes, y con el firme deseo de que el “homo sapiens”, haga honor a eso de ser el animal racional, y sepamos cuidar del planeta, para que sean muchas más las generaciones que puedan disfrutar de los mismos, regresamos bajando la ladera, entre quejigos, jaras y aliagares.

  
 
 Para de nuevo en paralelo al Tajo, y junto a las decenas de fuentes que del gran cañón brotan caminar con plena energía revitalizadora de nuevo hacia la civilización, dejando allí a estos grandes testigos mudos de la historia, con un sin lugar a dudas hasta pronto. FINEM