sábado, 27 de diciembre de 2014

Y el Señorío de Molina ilumina la Nochebuena con grandes fogatas.



Río Gallo a su paso por Molina de Aragón

En estos primeros días de invierno por fin ha llegado el frío que tanto se ha hecho esperar; y sus rigores se notan sobre todo en la alta montaña, por ello por estas tierras del antiguo Señorío de Molina, Uller el dios del invierno se merodea como Pedro por su casa haciendo estragos con sus efectos frigoríficos.



Ayer tras una larga caminata y al caer ya la tarde, el cuerpo nos pedía calentarse por fuera y por dentro; así pues nos cobijamos bajo techo junto a una potente chimenea, cuya candela estaba encendida…; allí nos quedamos embelesados escuchando el craquear de la madera al arder y pensábamos en voz alta en lo bello que es un fuego controlado.

 
De ahí que desde que el hombre descubriese el fuego, muchas fiestas se erigieren en torno a una buena fogata; con este elemento se daba la bienvenida a las cosechas, al verano, al invierno, etc…; posteriormente con la arribada del cristianismo, aquellas tradiciones paganas se revistieron de festividad religiosa y así hasta nuestros días llegan aquellas arcaicas costumbres, tomando un poco de todos los matices.
Todo esto para contaros que hacemos en la Nochebuena por las tierras de Molina de Aragón en Guadalajara.

 
 
Antes de que se denominase navidad, parece ser que las diversas civilizaciones celebraban la llegada del solsticio de invierno con grandes comidas, encuentros familiares, y el intercambio de regalos;  pues en cierta manera era como la forma de iniciar las tareas agrícolas de nuevo, justo en el tiempo que menos actividad en el campo había.

 
 Luego como os decía antes, con la religión, ya vino el celebrar el nacimiento de Jesús, la epifanía, etc…


En nuestro país la celebración de la Nochebuena consiste básicamente en la reunión de las familias, alrededor de una mesa, con buenos manjares y elaboradas comidas, panderetas, villancicos, e incluso en los últimos años la visita de Papá Noel, restándolo protagonismo a los Reyes de Oriente…; después en torno a la media noche en las grandes ciudades y pueblos con sacerdote la tradicional misa del gallo. 

Con respecto a la peculiar nomenclatura de esta misa, muchas y variadas son las teorías acerca del porqué de este curioso nombre para denominar una misa; la teoría mayoritaria alude a que viene de los tiempos del Papa Sixto III, el cual en el siglo V, instauró la costumbre de celebrar una misa en la medianoche del día de celebración del nacimiento de Jesús, tras la entrada al nuevo día, es decir al canto del gallo; de ahí su deriva hasta nuestros días.

En muchas poblaciones del interior peninsular se le añade otro elemento que es el fuego.
 
Así pues en pueblos de la Rioja, del norte de Castilla y León, y en toda la comarca del antiguo Señorío de Molina, en la tarde noche de la Nochebuena, se encienden grandes hogueras.
En la comarca de Molina de Aragón como os decía al principio del texto, los rigores del invierno son intensos a estas alturas del calendario, por lo que la única manera de aguantar en la calle y fomentar de esta manera el reencuentro, y la sociabilidad entre los vecinos es alrededor de una buena fogata.
 
Por eso los días previos a la Nochebuena, todos los pueblos habitados de la comarca y diversos barrios de la ciudad de Molina, van rejuntando cepellones, tablas, ramas, podas, e incluso muebles viejos para ir conformando una gran pira, que será sin lugar a dudas la gran protagonista de la Nochebuena.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A eso de las 19:00 horas cuando el termómetro ya está bajo cero, los vecinos de los pueblos del Señorío, y de la propia Molina se arremolinan en torno a estas montañas de leña, acompañados de panderetas, zambombas, sidra, polvorones, turrón y sobre todo ganas de pasarlo bien.

 

Llega el momento de encender, y tras las primeras llamas comienzan los cantos, los recuerdos, las conversaciones, los reencuentros, los abrazos, incluso los sollozos por los que ya no están…; y de esta manera van pasando las horas...

 
Tras la cena y la misa muchos son los vecinos que regresan a las hogueras, pues la consistencia de las mismas dan para toda la noche, incluso para hacer un buen asado en la mañana del 25.

 
 
 
 
Este año como muchos otros de nuevo en el barrio de la carretera de Castilnuevo montamos una fogata, con ese placer de poder concentrar en un punto a familia, amigos, vecinos, e incluso algún turista despistado y poder disfrutar de esas pequeñas grandes cosas, que son las que verdaderamente dan sentido a la vida.
 
 
 
 
Termino el post con el deseo de poder montar muchos años junto a mi familia esta hoguera, y desearos a todos/as unas muy felices fiestas. 

 
FINEM


domingo, 14 de diciembre de 2014

Y en mitad de la carretera aparece CASTELLAR DE LA MUELA por las tierras del antiguo Señorío de Molina.



Las carreteras generales, al igual que las vías rápidas, o las autovías conllevan muchas cosas buenas, como son la seguridad, la rapidez en el transporte y desplazamiento, y por ende la eficacia en el viaje; pero tienen consigo otras tal vez más banales para el objetivo último que es el desplazamiento de un lugar a otro, pero a las que yo les doy importancia, y es que con la velocidad que otorgan estas vías nos perdemos el camino y sus pueblos.
 
Y algo así ocurre cuando circulando por la nacional 211, esa que une Alcolea del Pinar con Tarragona, atraviesas la población de Castellar de la Muela; la cual pasa totalmente inadvertida, escondiendo entre sus casas y parajes grandes tesoros arquitectónicos, históricos y paisajísticos.

 

 

Situada en la zona sur de la Sierra de Caldereros en plenas parameras de Molina a 1.223 msnm, Castellar yergue asentada sobre una muela rocosa de la cual toma el apellido, y que sirve de fundamentos y cimientos para su iglesia y para el barrio que los castellarenses denominan del Castillo.

Castellar de la Muela desde Caldereros
 No está muy claro el origen del pueblo, dándose por ciertas las teorías de que surgió tras el traslado de la población de un poblado cercano que se denominaba los Villares, por la insalubridad del suelo donde se asentaba éste, ya que había grandes humedales, y del que hoy sólo queda lo que era su parroquia, y es sin lugar a dudas la joya de Castellar, la ermita de la Virgen de la Carrasca.

 
Se trata de una sencilla ermita rural  de estilo románico, datada del siglo XIII, como el castillo de Molina.

Alguna tradición oral dice que esta ermita, formaba parte de un Convento de monjes templarios; pero autores de reconocido prestigio como Antonio Herrera Casado lo han desmentido, calificando tales datos de meras fábulas y leyendas.

 
El conjunto ermitorio de lejos aparenta una tosca construcción, que se convierte en una  joya de sencilla belleza en cuanto la observas de cerca; consta de una sola nave con ábside y atrio en la que se comprende una sencilla portada románica.

 
 
 
En el interior de la ermita antaño se guardaba una pila bautismal que databa del año 1300, y que hoy por miedo a los robos y la rapiña, se guarda y protege en la Iglesia Parroquial.
Hasta esta ermita acuden las gentes del lugar en alegre romería el tercer sábado del mes de mayo, cuando la mies ya brilla con brío por estos páramos; Siendo la propia ermita y gran el ciprés que le acompaña testigos mudos de fiesta y devoción a partes iguales.
Cerca hay otra pequeña ermita, ésta dedicada a la Virgen de la Soledad, y que data del siglo XVII.

 
Volviendo al pueblo, destaca por encima de todo el caserío, como si de un pastor con su rebaño se tratara, la Iglesia advocada a la Exaltación de la Cruz.

 
La misma data del siglo XVI; aunque las obras de su construcción no concluyeron hasta la centuria del 1700.

 
La torre obra del maestro cantero Manuel Gilaberte, se termina en el mismo año que la vecina Francia lleva su revolución más famosa; corre el año 1789.
 
La iglesia está construida en su generalidad con piedra oscura, contrastando con  el resto del caserío que en general está construido con la  rojiza de rodeno, haciendo ambos iglesia y caserío una perfecta simbiosis de adaptación  y mimetizaje con el terreno.

 

La plaza del pueblo está presidida por la casa de la villa o ayuntamiento que data del siglo XVIII y como todos los pueblos molineses por un recio y firme frontón.

 
La plaza es el espacio público de reencuentro, ocio y esparcimiento, en ella está el pequeño bar que agrupa a las gentes de Castellar, en torno a un buen café, o a una partida de cartas, siendo conocidos los campeonatos de guiñote en la época estival.

 
También en esta plaza se celebran las fiestas populares, verbenas, disfraces, etc…

 
 
Hablando de fiestas, una tradición conocida del pueblo de Castellar, es el denominado “baile del pollo”; y que parece ser consiste, en bailotear alrededor del pueblo y en parejas, acompañados de una gaita, al soniquete de la siguientes letras: “Pollo, pollo, pollo la gallina, el que no lo baile es una cochina”.

 
 
Y es que Castellar pese a ser castellana, por su cercanía con Aragón tiene muchas peculiaridades análogas con la región maña, de ahí que tenga muchas canciones populares que aquí denominan seguidillas, que aparentan en casi todo a la jota aragonesa.

 
No podemos irnos de Castellar de la Muela, sin conocer la preciosa fuente que el molinés maestro cantero Martín Mendieta ha construido hace unos años, y que la dedica a otro cantero oriundo del propio Castellar a Maxi.

 
La fuente representa a una especie de dragón-pez que con sus mandíbulas empuña el caño por donde brota el líquido elemento.

 
En frente de Castellar dos viejos palomares, que como dos centinelas vigilan los fructíferos huertos que en la época estival, provee a las sabias manos agrícolas de las gentes de Castellar, de ricas verduras y hortalizas.

 
 
Un poco más allá la Sierra de Caldereros, esa que divide las vertientes acuíferas entre el Mediterráneo y el Atlántico, y en mitad de la misma el roquero y majestuoso castillo de Zafra.

 
 

Acabo este post dedicándolo a las buenas gentes de Castellar de la Muela, y recomendando encarecidamente un paseo por la paz y sosiego de sus calles y plazuelas. FINEM.
Fotografía de Javier Puyó