lunes, 29 de septiembre de 2014

EL PINO ESCOBÓN. Un muy longevo ser vivo en la Sierra de Gúdar (Teruel)



 

Hace unos días y casi de casualidad fui a encontrarme de frente con un ser vivo tan longevo tan longevo que en su tarta de cumpleaños las velas representan centurias.
Parece ser que el amigo árbol nació por allá por el año 1560, cuando Felipe II trasladó la Corte a Madrid, decidiendo que ésta fuese la Capital del Reino de España; es la época en la que se manda construir un gran monasterio en el pueblo del Escorial, y una tal Teresa de Jesús en la ciudad de Ávila trata de poner organización y precepto  en la Orden Carmelita.

 http://www.google.es/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&docid=R8jPRaSZzRfgAM&tbnid=P0KSQw5e_BReSM:&ved=0CAYQjB0&url=http%3A%2F%2Fblog.setdart.com%2Fmonasterio-de-el-escorial%2F&ei=FZApVICUEvbIsAT3oYKIDA&bvm=bv.76247554,d.ZGU&psig=AFQjCNHFWoDqxXw5a-39a0aPyWEiwJt6OA&ust=1412096393567607
Miguel Ángel ya había pintado la Capilla Sixtina y casi a la vez que nace nuestro amigo, fallece el erudito pintor a la edad de 89 años.


En esa época junto a  un seguro más caudaloso río Linares, en mitad de las abruptas montañas del Sistema Ibérico turolense, nacía un pequeño pino laricio; ese que parece disfrutar con las grandes heladas y las intensas nevadas, ya que su zona preferida para nacer, crecer y vivir son las zonas donde se dan estos fenómenos climáticos.

 
Cuantas cosas buenas y terribles han ocurrido en nuestro país desde que naciese este árbol hasta nuestros días, y lo mejor de todo cuantas cosas seguirán pasando, bajo su mirada muda de testigo de excepción, pues nuestro amigo Pino de nombre del Escobón, se encuentra en plenas facultades físicas, portando un gran aspecto y una salud a prueba de nieve y hielo.

 

Su tronco es difícilmente abarcable, necesitando de cuatro o cinco personas para poder ofrecerle un fraterno abrazo, y es que su tronco en la base, alcanza un diámetro de  181 centímetros aproximadamente.


 
Tampoco es desdeñable su alzada, que deja pequeño a cualquier persona u objeto que se le ponga al lado, con su más de veintinueve metros de altura; que además impresionan más aún si cabe por la anchura y diámetro de su copa, que simulando un gran escobón, de ahí el nombre del pino, alcanza un diámetro aproximado de veinte metros.

 
 
 

Arribar hasta este impresionante paraje en mitad del barranco denominado del Pino, es relativamente fácil; se accede por una pista asfaltada que surge de  la carretera que une las poblaciones de Linares de Mora (término en el que vive el Pino), y Valdelinares (carretera provincial Te-V 3).


El contacto con este superviviente nato tiene algo de mágico; sin entrar en cuestiones místicas o similares, el lugar tiene un encanto especial, el cual al abrazar al gigante arbóreo se trasforma en una sensación inefable que cuesta explicar con palabras…; es decir hay que experimentarlo para saber de lo que os hablo.


El gran Pino, igual que los seres vivos más mayores, es un libro abierto sobre la vida, sobre la historia…;  su corteza, sus ramas, su hueco en el tronco por dónde antaño se extraía resina, su hojas, el suelo de su entorno, etc… son toda una enciclopedia sobre los años climáticos, donde se describen a la perfección los rigores de los inviernos fríos, o los veranos secos…

La cosa es que conocer al Pino Escobón ha sido una experiencia que desdeluego os recomiendo; porque además eso significará que estaréis deambulando por ese paraíso que es la Sierra de Gúdar, donde aparecen pueblos de tal belleza como Mora de Rubielos o Rubielos de Mora que suponen todo un revulsivo para los cinco sentidos.

Mora de Rubielos
Rubielos de Mora
 Acabo este post, con una frase que me encontré hace un tiempo por Facebook, desconozco el autor, pero que comparto en todo su sentido; dice así:  “Si los árboles diesen wifi, todo el mundo plantaría árboles, y detendríamos la deforestación…; que lástima que tan solo produzcan oxígeno, regulen el clima, protejan el suelo y el agua, entreguen sus frutos y su madera, y …” FINEM


domingo, 21 de septiembre de 2014

Pólvora y devoción en las Fiestas de Minglanilla




Cuando llega el mes de septiembre, el ocaso del verano ya se ve en el horizonte, y los racimos de uva ya se repletan en las miles de vides que pueblan el campo de la manchuela conquense, Minglanilla se prepara para celebrar sus fiestas patronales, en honor al Santísimo Cristo de la Salud; en alguna ocasión ya os he hablado de estas fiestas, y del gran fervor que el pueblo siente hacia su Patrón.

Y es hablando de todo ello, cuando en esta ocasión me quiero quedar con una de las tradiciones más características de estas fiestas, que es sin lugar a dudas la quema de miles de tracas y petardos.
Siempre se ha dicho que Valencia y la costa mediterránea son las zonas donde mayor afición a la pólvora y a los fuegos artificiales hay de todo el país; seguramente esto es así por las fiestas como las Fallas de Valencia o las Hogueras de Alicante, donde la pólvora es junto a los monumentos los elementos característicos de la fiesta; aunque también es cierto que en ciudades como Zaragoza o San Sebastián disparan unos espectáculos de fuegos artificiales de altísimo nivel.


Lo que choca tal vez porque no sea lo más común, es que un pueblo de Castilla y de Castilla lo ha sido siempre, tenga una tan gran afición por la pólvora.
Cualquier festividad de índole pública o privada en Minglanilla concluye con fuegos de artificiales.
 
Tal vez esta afición pirotécnica ha llegado por la intensa relación que el pueblo de Minglanilla ha tenido con Valencia y todo el levante español, ya que el pueblo está en pleno nudo de comunicaciones entre Madrid y Valencia, la antigua Nacional III lo atravesaba de un extremo a otro, haciéndolo ahora la autovía por la parte oriental del término municipal.

Antigua Nacional III atravesando Minglanilla

La cuestión fuera como fuese es que los espectáculos pirotécnicos que se disparan en Minglanilla son toda una referencia para los aficionados a este arte, y desde luego para los habitantes de Minglanilla, sus descendientes marchados a otras tierras y los paisanos de los pueblos vecinos.

 

En plenas fiestas del Cristo, dos son los espectáculos pirotécnicos que se sufragan con dinero público;  son el castillo de fuegos que se dispara la víspera del día grande de las fiestas, es decir el 13 de septiembre o entrada ya la madrugada del día 14, y la mascletá de colores que se dispara la noche del 14 de septiembre, tras haber depositado la imagen del Cristo de la Salud en su ermita.

 
Ambos espectáculos han cambiado de ubicación; antiguamente se hacían en la pintoresca plazoleta que rodea a la ermita del Cristo, pero por motivos de seguridad ya hace varios lustros que el castillo se dispara en las instalaciones del frontón, y la mascletá en el recinto ferial.

 
 
De igual manera es desde hace más de dos décadas la Pirotecnia Gori de Mislata (Valencia), la que se encarga de la realización y disparo de ambos espectáculos.
Pero además de lo anterior, son los propios vecinos de Minglanilla los que se encargan a lo largo de los días 13 y 14 de septiembre y en coordinación con el paso del Cristo en procesión por las diversas calles de la villa, los que sufragan, organizan y en muchas ocasiones incluso montan de manera tradicional, las decenas de tracas, fuentes y silbadores.
Tras la última novena la noche del día 13 se realiza una procesión donde comienzan estos “pequeños” espectáculos particulares, para ser ya la mañana del día 14  cuando Minglanilla echa el resto.
 

 
 
 
Desde pequeño recuerdo a mi tía Remedios, hermana de mi padre y de la que también por aquí os he hablado en alguna ocasión 
(http://blogdeoscarpardodelasalud.blogspot.com.es/2012/01/remedios-pardo-penarrubia-una-gran.html); como los días previos a las fiestas patronales, saca un viejo cartel, que no es otra cosa, sino una vieja pizarra de juguete, en la que se dice: “ se admiten donativos para la traca del Santo Cristo, depositario Remedios”; y ésta permanece colgada sobre su casa hasta el día 14; día en el que ya de muy buena mañana y como hacen en muchas otras calles, los vecinos y los profesionales de la pirotecnia se afanan en tenerlo todo preparado para eso de las 12:30 horas, cuando el paso del Cristo de la Salud recorrerá diversas calles del pueblo, en lo que es una de las procesiones más originales y estruendosas que conozco.

 
Cuando mis primos y yo regresamos de “la vaca”, que no es otra cosa sino la suelta de unas vaquillas para el deleite del público en la denominada calle Real, a eso de las 6:30 – 7:00 de la mañana, mi tía Remedios ya ha abandonado los brazos de Morfeo para comenzar con todo el acometido que conlleva el montaje de la traca.

 
 

Con su libreta hace cálculos de lo recaudado cada año, para de esta manera pedirle al  pirotécnico más o menos material. 

 
 
Me cuenta mi tía que usa la misma libreta desde hace muchos años, y así sabe lo recaudado cada ejercicio; me resultó muy curioso echando un rápido vistazo a los datos de los últimos diez años, como también en los donativos para la traca del Cristo se había percibido la situación económica del país.

 

 
 
 
 
 
Pregunté a mi tía que cuáles eran las razones por las que los distintos vecinos aportan dinero para la traca, y todas ellas tenían un denominador común, el fervor y la devoción al Cristo de la Salud.

 

También es usual cada año, observar como una familia realiza un importante desembolso económico en uno de estos espectáculos pirotécnicos, por una promesa al Cristo, o por ser algún familiar Reina o Dama de las Fiestas,  por un nacimiento, etc…

La cuestión es que en Minglanilla devoción y pólvora van al unísono en las fiestas del Cristo, no pudiéndose entender la una sin la otra, haciendo el tándem perfecto para que los días 13 y 14 de septiembre estén marcados en el calendario como algo especial.
Al año que viene más y mejor.  FINEM 


martes, 16 de septiembre de 2014

"Un viaje, otra mirada; por pueblos de Molina de Aragón" de Alfredo García Huetos



 

Hace unos meses estando por Molina de Aragón en casa de mi hermano Javi, encontré sobre el mueble aparador de la entrada un libro cuya contraportada me llamó la atención, en la misma aparecía una fotografía de un campo de trigo recién segado rodeado de altos chopos; el paisaje me resultaba familiar, lo que hizo que me interesase de inmediato por el libro, ya pude ver que era uno de esos campos que hay por la sexma del campo del antiguo Señorío de Molina, tal vez entre Cillas, Fuentelsaz y Tortuera.
Giré el libro y sobre una fotografía de similar paisaje, pude leer el título: “Un viaje, otra mirada. Por los pueblos de Molina de Aragón.”

 

Me dijo mi sobrina Blanca que se trataba de un regalo que le habían comprado ella y su hermano Javi a su padre con motivo de su cumpleaños, les pedí que me lo dejaran, y al principio del presente verano me lo leí, para ahora devolverlo a su legítimo dueño.

 

El autor de libro es Alfredo García Huetos, profesor de Lengua y Literatura y natural del guadalajareño pueblo de Gualda, en esta obra relata lo que fue un viaje suyo por las tierras de Molina durante un verano en los albores de la actual democracia, allá por finales de los años 70 y principio de los 80 del pasado siglo; no deja claro en la obra el año exacto; o al menos yo no lo he visto, pero por las descripciones del paisanaje, de los pueblos, de las infraestructuras, etc… te lleva sin lugar a dudas a esa época.
Lo curioso de este relato, que a mi juicio va a caballo entre lo filosófico y lo descriptivo, es que el recorrido a lo largo y ancho de la comarca de Molina, lo va haciendo tranquilamente, sin reloj ni prisa, andando en algunas ocasiones, y otras muchas en autostop, lo que le da una buena dosis de aventura al viaje.
En muchas ocasiones no encuentra lugar para dormir y debe hacerlo en cualquier pajar o chamizo, relatando su intranquilidad por los bichos o la mugre.
La ruta empieza en Luzón, para tras pasar por Anquela del Ducado, llegar al nacimiento del río Mesa en Selas y bajar hasta Molina.
Tras dejar la sexma del sabinar y Molina se dirige a la del Campo, para hacer noche en Tartanedo habiendo visitado previamente Rueda de la Sierra y Torrubia, y llegando por último a Hinojosa y a su joya románica la ermita de Santa Catalina.

  

Tras dejar Milmarcos en pleno corazón del campo cerealista molinés, pasa por Fuentesaz para descansar en Cillas, visitar Tortuera y dormir en la Yunta; para después de ver Campillo y el Castillo de Zafra, cruzar la Sierra del Caldereros en dirección a la sexma del Pedregal,  pasando por El Pobo de Dueñas y Setiles; para llegar a la sexma de la Sierra por los pueblos de Alcoroches, Traid o Terzaga…

 

Tras leer el libro he percibido cierta semblanza con una de las obras culmen de Camilo José Cela, ese que le llevó a visitar la Alcarria allá por los años cuarenta del pasado siglo XX; aunque en “Un viaje, otra mirada”, García Huetos además de narrar el paisaje con un lenguaje limpio y transparente, de forma continua hace protagonista a los moradores de la comarca; a esos vecinos que se encuentra por el camino, y que curiosos le preguntan por su hazaña, por su aventura; Siendo en la mayoría de ocasiones más descriptivo el profundo pensar humano del fulano en cuestión, que la descripción hecha sobre el más vetusto castillo, o el más abrupto barranco de la zona . 

 
 
Y en su narrar claro y nítido consigue que el lector se meta en la caminata, en los padecimientos ante la falta de alojamiento para dormir, o en la hambruna que en algunos momentos pasa el autor, por su carácter introvertido; llevándote a la reflexión de que cualquier gran caminata, cualquier gran iniciativa requiere un primer paso inicial; pero también te hace pensar sobre la cualidad humana, sobre el carácter de las gentes de campo, sobre la nobleza, sobre el humanismo y sobre la humanidad, en fin “Un viaje, otra mirada” además de un recorrido por las tierras de Molina durante un verano en concreto, supone un paseo que el lector hace propiamente suyo, donde el hecho de esa soledad buscada lleva tanto al autor como al lector a conocerse mejor a sí mismo.

Acabo este post recomendando la lectura, con la intención de alguna vez llevar a cabo una aventura parecida.  FINEM