sábado, 26 de octubre de 2013

TITAGUAS despliega sus velas.



 
 Panorámica de Titaguas
Desde siempre me han gustado las personas creativas, activas, que no se limitan simplemente a pasar por la vida, sino que allá por donde van dejan su impronta, y éstas son sin lugar a dudas algunas de las cualidades que adornan a Ramiro Rivera Gracia.

 
Hablar de Ramiro me resulta fácil, es lo que tiene poder hablar bien de la gente; pues Ramiro es de esas personas que puedes denominar AMIGO con mayúsculas, de los que siempre están, y de los que antes que lo necesites ya se ha volcado por intentar ayudar.

 Ramiro Rivera Gracia
Ramiro además de muchas otras cosas es Acalde de Titaguas, un pueblo situado en la serranía valenciana a unos  720 metros sobre el nivel del mar; ostentando la vara de mando desde el año 1999; siendo en ese momento uno de los Alcaldes más jóvenes de la geografía española; y es que sus paisanos lo quieren por su autenticidad, por lo buena gente que es, y por su desvivir en pro de su pueblo y sus moradores.
Sólo hay que darse un paseo por las calles de Titaguas, para comprobar el importante trabajo que se ha hecho en materia de urbanismo, medio ambiente y sobre todo en servicios para los ciudadanos.


Pero además de todo lo anterior desde hace unos años Titaguas es referente por la cantidad de actividades de índole cultural, deportivo, de ocio y de esparcimiento que a lo largo del calendario se van celebrando, algunos repetidos y otros inventados, como es el caso del que os voy a contar.

 


A finales del pasado mes de julio, Ramiro me llamó para invitarme a una actividad denominada “la noche de las velas”; se trataba de un proyecto en el que la corporación municipal se había metido de lleno, para entre otras cosas dinamizar el comercio y los servicios de hostelería y restauración del pueblo en los albores del mes de agosto.

  
Así que sin saber muy bien de que se trataba, una buena amiga y yo, la noche del sábado día 3 de agosto, nos dirigimos hacia la villa serrana.
Las suaves temperaturas, y un cielo totalmente despejado y con ello estrellado, ya hacían presentir que iba a ser una noche especial…; aún no éramos conscientes del espectáculo que los titagüeños habían organizado.
Nada más llegar llamamos a Ramiro, que como no podía ser de otra cosa estaba al pie del cañón comiéndose un bocadillo en la plaza mayor…; junto a él, su Teniente de Alcalde, Amelia Chavarría Francisco, conocida como “la Checana” por ser natural de Checa, uno de los pueblos más bellos de la provincia de Guadalajara.
  Checa (Guadalajara)
Y es que entre Amelia y Ramiro como máximos coordinadores habían montado aquella movida…
Por la mañana decenas de pintores venidos de todo el país, se dedicaron a retratar esquinas y rincones singulares de Titaguas, que os aseguro los hay por doquier.
Asimismo y a lo largo de toda la jornada los bares y restaurantes del pueblo organizaron lo que se denominó la ruta del tapeo, donde por apenas diez euros podían degustarse productos y gastronomía típica de la zona para recobrar fuerzas y seguir disfrutando de la fiesta.


Pero el plato fuerte de la fiesta llegaría con el ocaso del día, a eso de las veintidós horas, cuando la noche ya lo cubría todo, el alumbrado público de Titaguas se desconectó, para que en  apenas cinco minutos los titagüeños encendiesen los más de ocho mil cirios que habían colocado estratégicamente por sus calles y fachadas…


 
 
 
 
 
 
 
Al mismo tiempo una agradable música instrumental sonaba por los altavoces dedicados a dar los bandos municipales.

 
 
 
Ramiro y Amelia, hicieron de  magníficos anfitriones; nos llevaron a ver toda la localidad, que estaba más bella que nunca.

 
Es difícil explicar con palabras las sensaciones que surgían al ver todo un pueblo iluminado con pequeñas candelas, sobrecogía ver las enormes antorchas que iluminaban su vetusto campanario, la iglesia, la plaza, los callejones, las fachadas, los balcones… 

 
A la vez decenas de niños con los ojos iluminados de ilusión, corrían de un lado para otro vigilando que ningún cirio se apagase…; y en cada esquina, en cada rincón un concierto de música en directo, la mayoría de músicos naturales de Titaguas y de la comarca; siendo ésta una fantástica manera para mostrar su trabajo y darse a conocer.

 

Un grupo dedicaba canciones al gran Frank Sinatra, otro eran más rollo pop y rock, dentro de la Iglesia del Salvador, música clásica, en la zona alta del pueblo música de banda, y en una recoleta placita un chico tocando la guitarra española…; y como no, también las personas mayores de Titaguas desempolvaron sus bandurrias y guitarras para dar un precioso concierto de rondalla.

 
  
 
 
 
 
 
 
Además de todo lo anterior en varias fachadas, se proyectaban imágenes antiguas del pueblo, tanto de su fisionomía, como de formas de vida, trabajo, tradiciones, etc…
 
 
 
 
Así mismo en una de las partes altas del pueblo, justo detrás del alojamiento rural “Casa Abuelina” que os recomiendo (http://www.escapadarural.com/casa-rural/valencia/abuelina) estaba un ilustre titagüense, experto en astronomía y que ha creado en el pueblo una escuela dedicada a estos menesteres; en el siguiente enlace podéis saber más sobre la misma: (http://www.escuelacosmofisica.com/); y allí con la ayuda de un preciso telescopio, y un puntero de luz, que os aseguro a mí me dejó flipado, nos estuvo mostrando las distintas constelaciones, galaxias, nebulosas, etc…; también dio el tema para departir sobre la preocupante contaminación lumínica que desde allí pese a distar casi noventa kilómetros de la capital valenciana también se apreciaba.

 
La ilusión que se percibía en el ambiente, el aroma a cera fundida, los acordes de las notas musicales, la tenue luz de miles de pequeños fuegos, el cielo estrellado y la buena compañía hicieron que desde luego fuese una noche inolvidable.
 
 
 
Acabo este post agradeciendo a Amelia y a Ramiro el trato que nos dieron, y felicitándoles por tan buena iniciativa, esperando al año que viene poder volver acompañarles en tan agradable aventura.

 

sábado, 19 de octubre de 2013

Disfrutando de la brisa, el silencio y el agua en el pueblo de Tierzo (Comarca Molina de Aragón-Alto Tajo)



 
Hace unos días estuve pasando el fin de semana por las tierras del Señorío de Molina, y me hice una de esas escapadas típicas de visitar algún pueblo de esta bella tierra.

 

En este caso me dirigí hasta el pueblo de Tierzo, situado en la sexma del sabinar al sur oeste de la capital molinesa.
Se trata de un pequeño pueblo de apenas 40 habitantes, pero que en la época estival me cuentan puede llegar a los 400; situado a 1141 metros sobre el nivel del mar, el pueblo de Tierzo está en el margen derecho de los arroyos que desde los montes de Picaza se dirigen entre suaves colinas hacia el río Bullones, allá por la dehesa de la Vega de Arias.
Rodeado de hermosos bosques de robles, encinas, pinos y sabinas, Tierzo rezuma tranquilidad y sosiego, que además adorna el aroma a cereal que surge de los campos recién cosechados y de los girasoles que ya yerguen debiluchos tras la canícula del final del verano.

 

Accedo al pueblo de Tierzo por los caminos que vienen desde Castilnuevo, pasando junto a las fincas de  caza del Barranco del Rey y de Picaza; transcurriendo todo el camino entre mágicos bosques de encinas, sabinas y pinos…, en mitad de una pradera me sorprende una paridera de barda, es decir, uno de esos grandes corralones cuya construcción se basan en un muro de mampostería rodeando una gran sabina, en la cual apoyar las vigas que soportarán el peso del techo, elaborado con ramas de la propia sabina.
La puerta de estas parideras, solían protegerse con un corral semicubierto y estaban orientadas hacia el sur, para paliar los efectos del riguroso y duro clima de estos lares.


 

El caso del corralón que me encuentro es un tanto especial, ya que su estructura no gira en torno a una sabina central, sino que con troncos de este preciado y protegido árbol, se comprenden a lo largo y ancho de la paridera varios pilares que sujetan toda la estructura de madera.

 
 

Tras el paseo matinal por los sabinares, arribo al pueblo de Tierzo, siendo la Iglesia el primer edifico que observo. Se trata de una Iglesia de una sola nave, con torre-espadaña, donde las palomas torcaces disfrutan de las horas del nuevo día, revoloteando con gran algarabía entre los tejados del sencillo edificio; está abocada la Natividad de la Virgen, y su construcción data a caballo entre los siglos XVII y XVIII.

 

 
 
Paseando por Tierzo, me encuentro con Miguel Sánchez, oriundo de Madrid y casado con una tierzana, que me confiesa está enamorado de las tierras molinesas, y de la gran calidad de vida que otorgan estos pueblos y parajes.
Es Miguel quien me cuenta de la existencia de una Asociación donde las gentes e hijos de Tierzo se juntan para celebrar las fiestas patronales en honor a San Roque, a San Pascual Bailón, o nocheviejas y fiestas varias.
 

 
 
En el edifico donde se ubica tal asociación, me cuenta Miguel que el Ayuntamiento ha construido varias viviendas que se alquilan como alojamiento rural para todo aquel que desee pasar unos días de descanso y asueto en el tranquilo Tierzo; me enseña fotos de las instalaciones, quedándome sorprendido ante la calidad y cantidad de servicios que tienen las construcciones. Para reservar o informarse sobre tales alojamientos solamente hay que contactar con el Ayuntamiento de Tierzo, siendo éste su número de teléfono: 949831625/696357275
 

 
Como todos los pueblos de la comarca de Molina, Tierzo cuenta en el centro de la población con un trinquete, donde los tierzanos sobre todo en la época estival juegan al frontón, y parece ser que dan buenos raquetazos si observamos la de pelotas incrustadas que  hay en la red que corona el paredón.

 
 

Me sorprende un escudo pintado en la parte superior, descubriendo después que es una heráldica dedicada a la caballería, una señora mayor al comprobar mi insistente observancia me dijo que había oído hablar que “cuando la guerra, un escuadrón de caballería que estuvo por el pueblo se dedicó a arreglar el frontón, y que por eso estaba el escudo…”


Hacía un tiempo había leído en una revista molinesa, que Tierzo había reinaugurado su plaza principal, y efectivamente así reza en un placa, indicando que fue inaugurada en junio de 1999, siendo Alcaldesa Ana Fabián, que a día de hoy sigue siéndolo; y que entre otras cosas habían rehecho su antigua fuente.

 
Y efectivamente allí estaba la fuente,  una verdadera joya de cincel y labrado de piedra, de formas suaves y detalles y adornos como manos o una cabeza de mujer, preside la plaza principal del pueblo.

 
 
 
De sus dos caños brota un agua fresca y pura, perfecta para mitigar la sed del caminante; y lo hacen de forma totalmente diferente, un caño voraz y potente y otro lánguido y cansino, que juntos producen una melodía perfecta para acompañar a modo de banda sonora el transcurrir del tiempo que en esta plaza parece haberse quedado quieto.

 
La fuente  construida con piedra arenisca, es obra del  artista molinés Martín Mendieta; en el siguiente enlace podéis encontrar más información sobre sus trabajos:
 

En la parte baja del pueblo, junto a la construcción del nuevo Ayuntamiento,
 situado en lo que era la antigua fragua y matadero comunal, hay otra fuente, con características de abrevadero y que según se indica fue construida en el 1869; el agua sobrante de la misma va hacia el arroyo que a su vez riega los pequeños huertecillos familiares que circundan el pueblo.

 
 
 

Todo ello junto a un coqueto paseo rodeado de frondosos árboles, que lleva hasta un pequeño cementerio, y que tal vez por lo parecido de las descripciones, me hace llegar a la memoria  las letras del gran Machado, sobre los dorados álamos de los campos de Castilla.

 
 
Otro edificio que cabe destacar en el casco urbano del pueblo es el horno recién rehabilitado; donde a mi entender se ha hecho un magnífico trabajo en el alero del tejado que simula un arte mudéjar, y en la chimenea que recuerda a las chimeneas de las casas pinariegas de Soria.

 

 

 
Paseando por el pueblo junto a la iglesia y a la salida hacia Molina, me encuentro con unas pequeñas chozas, que no son otra cosa sino antiguas zahúrdas donde guardaban y criaban a los cerdos que mataban allá para san Martín (11 de noviembre) o en las vísperas de Navidad, y que aquí construían en piedra y cubrían sus techos con ramas de sabina, igual que las parideras de barda.

 
 
Frente a estas zahúrdas observo unas instalaciones deportivas, con canchas de baloncesto,  y campos de fútbos y de tenis incluidos,  zona de esparcimiento y recreo que presumo llenas en las tardes y noches de estío, pero que ahora e los albores del otoño ya se encuentran desiertas…
 
 
Abandono el pueblo de Tierzo, con cierta melancolía y preocupación al observar in situ la precaria situación de despoblación en la que se encuentra el mundo rural, pero a su vez feliz de ser partícipe de la belleza, y la paz que otorgan estos lugares…; siendo muy consciente a la vez  que en cuanto estuviese en la ciudad, en mitad de la algarabía y la muchedumbre, recordaría el silencio, la brisa y el agua de la fuente. 
Si pasáis por Tierzo ya me contaréis.