miércoles, 14 de noviembre de 2012

De visita al moro Montesinos en el castillo de Alpetea



Castillo de Alpetea y cañón del río Tajo

“¿Ves aquel monte de enfrente, irlandés, el más alto de tos a la derecha del río?- dijo el Cacholo. Pues allí estaba el castillo de Alpetea, el del moro Montesinos. (…) Desde allí se ve…¡Qué sé yo! La torre de Aragón en Molina…, bueno media España.
 
 Gancheros por el río Tajo
Con este fragmento describe José Luis Sampedro en su obra “El río que nos lleva”, el gran monte de Alpetea que mudo vigila la desembocadura del río Gallo en el Tajo, en pleno corazón de la comarca del Señorío de Molina  (Guadalajara).
Varias han sido las veces que he ascendido hasta el monte de Alpetea, pero la última fue muy especial porque lo hice con mi padre, lo cual sin lugar a dudas al menos para mí, le añade emoción.
Valle del Tajo
 (foto tomada en una fría mañana de Invierno desde Zaoreja)
 
 Río Tajo
El castillo de Alpetea, es el nombre que se le da a una configuración rocosa a 1266 metros sobre el nivel del mar,  que en el extremo de un gran monte simula ser el cimiento de una fortificación, que parece ser realmente nunca existió, aunque giran muchas leyendas en torno al mismo.
Este gran farallón rocoso, está situado en lo alto de las gargantas donde el río de Molina, el Gallo y el Tajo se encuentran para ya seguir juntos en su largo transcurrir hasta Lisboa o tal vez hasta Murcia….
 
 Esta situación privilegiada, hizo que durante la guerra civil fuese lugar estratégico de vigilancia ya que el río Tajo hacía de línea divisoria para ambos bandos;  el castillo de Alpetea en concreto estuvo en manos del bando franquista durante toda la contienda, así lo atestiguan algunas inscripciones en el cemento de las trincheras en las que se leen lemas como “primer año triunfal, segundo año triunfal, etc…”
 
 
 
Hace tiempo leí algunos relatos de la intención del bando Republicano de volar el Puente de San Pedro, en las bases del monte, para así evitar el paso de maquinaria  pesada del bando franquista al otro lado del río, pero los puestos de vigilancia desde Alpetea impidieron esta opción bélica.
 
 Puente de San Pedro (Río Tajo)
Como os decía al principio, varias son las leyendas que hablan sobre este monte; se dice que allá por el siglo X, y en pleno conflicto de religiones entre árabes y cristianos, el dueño del castillo era el andalusí caballero Montesinos, un voraz guerrero cuyos ejércitos luchaban de forma consistente contra los cristianos provenientes del norte peninsular.
Algunos días el Caballero Montesinos daba un paseo por los páramos previos a la entrada a su castillo y hablaba con la pastora que procedente de la localidad vecina del Villar, todos los días abastecía de leche de cabra a la fortaleza; la pastora por su condición de cristiana, rebatía a Montesinos su religión árabe, y así mismo le recriminaba sus sangrientos enfrentamientos con los ejércitos cristianos.
 
 Cañón río Gallo
Montesinos parece ser disfrutaba de estos encuentros y  desafíos verbales con la pastora, ya que la ésta era de gran belleza y sensatez supina.
Ella le proponía que se convirtiera al cristianismo, y él harto de estas propuestas le argumentaba: “me haré cristiano el día que tú vengas a traerme la leche, aferrando  el cántaro en tu brazo derecho…” y es que no os lo había dicho, pero la pastora era manca de este brazo.
Un día la pastora andaba con sus cabras por las riberas del río Arandilla, y tras una gran sabina, tuvo la aparición de la Virgen que le pidió que de inmediato fuese a ver a Montesinos, ante él se obró el milagro y a la pastora al instante se le restituyó el brazo, hecho éste que asombró al capitán de tal manera, que de inmediato se convirtió al cristianismo, y en las riberas del río Arandilla erigió una ermita, en honor a la Virgen, Virgen que como no podía ser de otra manera se llama de Montesinos.
 Ermita Virgen de Montesinos
Leyendas e historias aparte, subir a este paraje vale la pena, por las preciosas vistas que desde arriba se obtienen, se observan perfectamente los cañones del río Gallo, Tajo, final del Arandilla, y el Campillo.
 
 



 

 
En frente y tras la espesura del bosque se ve el pueblo de Zaorejas, y como decía el “ganchero Cacholo”, también se observa de forma nítida la torre de Aragón del castillo de Molina, la Sierra de Aragoncillo, Sierra Molina, y las decenas de montañas y pequeñas cordilleras que tan característico perfil otorgan a la comarca de Molina.
 
 Torre de Aragón castillo de Molina
Tras estar en la cima como media hora y comernos nuestros bocadillos mi padre y yo nos volvimos hacia Molina con la satisfacción de poder haber disfrutado de las mismas vistas que la pastora y Montesinos habían disfrutado en sus largas conversaciones, en la que en el fondo se dilucidaba que da igual el sexo, la religión o la raza, ya que todos somos ciudadanos de este mundo al que tenemos que cuidar, amar y proteger; buscando entre nosotros las analogías y dejando al margen lo que nos separa.
 
 Pardo senior y junior

3 comentarios:

Perruquilla dijo...

Muchas gracias, Óscar, por descubrirnos estos parajes de la comarca. Desde luego, no se me ocurre mejor manera de disfrutar de este precioso paseo lleno de magia y leyendas, que acompañado de tu padre. Espero que sean muchas más las aportacioenes molinesas que incluyas en tu blog. Muchas gracias y un abrazo muy fuerte

posonty dijo...

Un reportaje magnífico compañero!, enhorabuena!.

Miguel Garcia dijo...

Me encanta este sitio, suelo ir con frecuencia, me relaja, viajo al pasado, que no es ni más ni menos que viajar a uno mismo.